La soledad en el foso
Maximiliano Benitez El despertador de mi móvil sonó a las ocho y cuarto. Suelo ponerlo a las ocho en punto para darle rienda suelta al amodorramiento, pero esta madrugada, rozando las cuatro de la mañana, decidí robarle unos minutos a las obligaciones. Amanecí, como casi todas las mañanas, con un dolor de cabeza espantoso, insufrible. […]