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León-Portilla y Bolivia

Estoy leyendo el libro póstumo de Miguel León-Portilla Soy mi memoria, publicado este año por El Colegio Nacional, la UNAM y otras editoriales mexicanas. Se trata de uno de los últimos documentos del prolífico y laureado autor, escrito a los 93 años, poco antes de su muerte el 2019. Es un recuento de anécdotas, episodios y recuerdos que el académico recoge cronológicamente.

León-Portilla fue uno de los pensadores consagrados con mayor legitimidad en México. Ocupó todas las posiciones más prestigiosas de la vida intelectual: profesor emérito de la UNAM, Medalla Belisario Domínguez, miembro de El Colegio Nacional, de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Academia Mexicana de la Historia. Dirigió varias instituciones, recibió numerosos premios y 19 doctorados honoris causa por varias universidades del mundo. 

Sus obras fueron traducidas a muchas lenguas, entre ellas, La visión de los vencidos, acaso la más exitosa, se reimprimió en más de treinta ocasiones y se tradujo a doce idiomas. 

Lo interesante del libro es que nos muestra al personaje en gestión, no al que logró la gloria, sino que refleja su accidentada trayectoria. Por ejemplo, cuenta lo difícil que le fue, a mediados del siglo pasado, proponer la existencia de una filosofía indígena. 

En la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, había resistencia para tal idea, le decían: “¿De dónde ha sacado usted que los indios tenían una filosofía?”. Tuvo que batallar contra la burocracia y contra académicos consolidados que no querían inscribir su tesis argumentando que no era serio pensar en una cosmovisión náhuatl. 

Su argumento fue sólido y ganó la batalla:  “hablo de filosofía náhuatl porque en los textos reunidos hay descripciones y planteamientos de problemas sobre la visión del mundo, la concepción de la divinidad, el ser humano, su destino y posible libertad, así como lo que puede entenderse como su ética y aun ideas acerca de lo que llamamos su arte. Los problemas e interrogantes que hay en esos textos son, en cierto modo, paralelos a los que filósofos de otros tiempos y latitudes se han planteado”.

Entre las varias posiciones institucionales de León-Portilla tuvo la responsabilidad de dirigir el Instituto Indigenista Interamericano. Cuenta en sus memorias los viajes que hizo para consolidar la iniciativa. Particularmente, fue a Bolivia, Perú y Argentina. En Bolivia se encontró con Victor Paz. Recuerda lo siguiente:

“El presidente Paz Estenssoro mostró un grande interés en la posibilidad de ampliar los trabajos del Instituto. Conocedor de la mitología y el pensamiento religioso de los pueblos incaicos, manifestó su deseo de que este pensamiento fuera dado a conocer más ampliamente. Insistió en que para los indios quechuas y aymaras la tierra tenía una significación primordial. 

Los indios, me decía, piensan que la tierra es nuestra madre, que debemos quererla y venerarla y, sobre todo, que debemos ver en ella a alguien a quien debemos respetar. Ese pensamiento, me dijo, tiene enorme importancia en nuestro tiempo cuando, por la contaminación ambiental, estamos hiriendo a nuestra madre tierra. La entrevista con Paz Estenssoro resultó muy reconfortante y salí de ella con la convicción de que era él un hombre que en verdad quería a los pueblos indígenas y que estaba puesto a apoyar al Instituto para que realizáramos de la mejor manera posible nuestras actividades”.

León-Portilla también se refiere a la fructífera relación entre México y Bolivia en el tema, que dio como resultado, en 1994, que la Universidad Mayor de San Andrés le otorgara un doctorado honoris causa.

Sé que mucha agua ha corrido bajo este puente y lo anterior es una fotografía de época, de dos personajes que luego tuvieron su propia trayectoria, y dos países cuyos lazos fueron y vinieron, veces de manera vergonzosa, y otras más bien solidaria y creativa.

El caso es que es interesante mirar hacia el pasado, cuando la lucidez primaba en el intercambio entre naciones, y las ideas fluían sin filtros distorsionados. ¡Qué tiempos aquellos! Luego les cuento si hay otras referencias a Bolivia en este enorme pensador mexicano.

Hugo José Suárez es sociólogo, investigador de la UNAM.

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