Antonio Sánchez Jiménez. 
Lope. El verso y la vida. 
Cátedra. Biografías. Madrid, 2018.

Las honras fúnebres fueron uno de los grandes acontecimientos públicos de tiempos de Felipe IV. Las costeó Sessa y resultaron tan multitudinarias que el cortejo llegaba desde la iglesia de San Sebastián a la casa del poeta, por lo que tenía más de medio kilómetro de longitud. Montalbán nos proporciona más detalles de interés. Así, sabemos que el cortejo salió el día 28 de agosto, a las once de la mañana y que dio un rodeo para pasar frente al convento de las Trinitarias «a petición de soror Marcela de Jesús», la hija del poeta. Asimismo, nos consta que acudieron “cofradías, luces, religiosos y clérigos en cantidad, la orden de los Caballeros del Hábito de San Juan, la de los Terceros de San Francisco, la congregación de los Familiares y la de los Sacerdotes de Madrid, compitiendo piadosamente sobre quién había de honrar sus hombros con llevar su cuerpo, y consiguiolo la venerable congregación de Sacerdotes, amén de su yerno Luis de Usátegui, Sessa y «otros grandes señores, títulos y caballeros»” (Pérez de Montalbán. Fama póstuma de Lope de Vega). Sabemos también que «las calles estaban tan pobladas de gente, que casi se embarazaba el paso al entierro, sin haber balcón ocioso, ventana desocupada ni coche vacío» y que, anécdota barroca, una mujer dijo al ver la pompa: «Sin duda este entierro es de Lope, pues es tan bueno», en referencia a la frase hecha «es de Lope», que se usaba para dar a entender que algo era excelente.