Hay que meterle nomás

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Muy simple: Evo Morales nunca dejará la mamadera. Puede perder elecciones, que Jesucristo se le aparezca desnudo regañándolo, no importa. En este último caso tendrá la santificación del papa delincuente, Bergoglio, lambiscón de tiranos. El individuo no va a dejar la silla que usurpa. Si tiene que matar a uno, diez, o un millón, lo hará. Se ha pegado al trono con cera bruta, y sus esbirros se encargarán de que no se seque y el sultán caiga de ella. Lo mismo su eunuco. Claro que este, si cae la cabeza, será descuartizado por el mismo populacho que dice defender, su “nación plebeya”.

No cuenta Morales con que un país tiene límites físicos, que no se lo puede desangrar eternamente. Que va a llegar el día que esté exhausto y no dé más. Ahí tendrá que irse. Claro, siendo cien veces más rico que Donald Trump, avalado e idolatrado por la puta izquierda europea que además de miopía tiene mierda en la cabeza. Ellos lo elevaron a donde está y ellos lo acogerán con las piernas abiertas para disfrutar del ullu morado como si fuese el Espíritu Santo. Allá ellos, que lo pongan de presidente en sus países, veremos cuánto aguantan. Ya estoy cansado de su inconsecuencia, su traición a los pueblos del mundo, kurdos y etcéteras. Mejores que la derecha no son, peor siendo que consideran de izquierda al usurpador boliviano, oligarca y lameculo de oligarcas y multinacionales. Los pobres quedarán pobres con él. Y los cocaleros podrán seguir con el negocio de la droga con cualquier otro cacique.

Simple ecuación, que es la suya: o ellos o yo. Pues, a meterle nomás que no queda otra. El país del todo vale. Tierra de ladrones porque se les permite. Otro gallo cantaría si existiera castigo.

A no confiar en nadie, menos en el Papa Francisco, Almagro, el santón Mujica ni ningún otro. Solo en la razón popular y la fuerza popular. El aguante tiene límites. Si se los alarga, pues qué más. Y, otra cosa, a no olvidar. Es tiempo de que se desmovilicen las fuerzas armadas. Son mayor peligro que Chile. No deben existir. Trabajos forzados, de coronel para arriba, o la pared. Denles un poquito de alcohol, como decía Juan Rulfo, para que no les duelan las balitas. Y a proceder.