Sale Sherritt entra Guillon
Carlos Decker-Molina
Sherritt International Corporation es una histórica empresa canadiense de recursos naturales fundada en 1927. Se trata de una de las compañías mineras más singulares de Canadá debido, fundamentalmente, a su estrecha y prolongada relación comercial con el gobierno cubano, una relación que durante décadas la ha situado en el centro de las tensiones geopolíticas entre La Habana y Washington.
¿Por qué Cuba hizo negocios con Sherritt?
Desde hace más de treinta años, Sherritt opera en Moa, al oriente de Cuba, mediante una empresa conjunta (joint venture) dedicada a la explotación de níquel y cobalto. Además, participa en la generación eléctrica a gran escala a través de Energas y en diversas operaciones relacionadas con el gas natural.
Como consecuencia del embargo y la prohibición del acceso al mercado de Estados Unidos. los metales extraídos en Moa se comercializaban principalmente en Europa, Asia y Canadá,
Cotiza en la Bolsa de Valores de Toronto (TSX: S). Sherritt no posee un propietario único. Su capital está distribuido entre miles de accionistas, aunque su estructura accionaria es relativamente compleja.
Alrededor de dos tercios de las acciones ordinarias están en manos de inversores privados y pequeños accionistas, mientras que el resto pertenece a fondos institucionales y firmas de inversión especializadas, entre ellas Kyma Capital Limited, que controla aproximadamente el 13,5 % de la compañía.
Los socios cubanos
En la explotación minera de Moa, Sherritt comparte la propiedad en partes iguales (Joint venture) con la empresa estatal cubana General Nickel Company S.A. (GNC).
En el sector energético, a través de Energas, Sherritt posee el 33,3 % de la empresa, mientras que los dos tercios restantes corresponden al Estado cubano mediante la Unión Eléctrica (UNE) y la Unión Cuba-Petróleo (CUPET).
El gran giro estratégico
La combinación de sanciones estadounidenses, dificultades operativas, deterioro de la infraestructura energética cubana y problemas financieros de la propia Sherritt ha impulsado a la empresa canadiense a buscar nuevos socios.
En este contexto, Sherritt anunció recientemente la firma de un acuerdo preliminar —todavía no vinculante— con Gillon Capital LLC. Si la operación se concreta y recibe la aprobación regulatoria correspondiente, Gillon Capital inyectaría recursos frescos y obtendría una participación de control del 55 % de la compañía.
La pregunta inevitable es: ¿quién está detrás de Gillon Capital?
La familia Washburne
Gillon Capital LLC es la family office de Ray Washburne, empresario inmobiliario radicado en Dallas, Texas. No se trata de un fondo de inversión tradicional ni de una gran corporación financiera, sino de la estructura privada mediante la cual la familia Washburne administra sus activos e inversiones.
La operación entre Sherritt y Gillon difícilmente habría avanzado sin la ausencia de objeciones por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, según diversas fuentes consultadas.
El dato resulta llamativo. Durante décadas Washington ha mantenido una política de presión constante sobre Cuba. Sin embargo, ahora una firma estadounidense vinculada a círculos políticos republicanos aparece interesada en adquirir una posición dominante en una empresa con importantes activos estratégicos dentro de la isla.
El vínculo con Trump
Ray Washburne fue nombrado por Donald Trump director de la Overseas Private Investment Corporation (OPIC) entre 2017 y 2019. Posteriormente integró el Consejo Asesor de Inteligencia del presidente. También participó activamente en la recaudación de fondos para las campañas republicanas y fue vicepresidente del Trump Victory Committee durante las elecciones de 2016.
Peter Hancock, director ejecutivo interino de Sherritt, reconoció la sorpresa que produjo la aparición de este nuevo socio:
“Llegó de la nada. Me gustaría decir que soy un genio de los negocios y que sabía que una entidad estadounidense vería valor en la situación de Sherritt. Pero no. No lo preví, y menos aún que fuera Gillon Capital”.
¿Retorno del capital estadounidense a Cuba?
La operación admite, al menos, dos lecturas.
Primera hipótesis: una cabeza de playa para el futuro
La propuesta de Gillon podría representar una forma de posicionamiento anticipado. Capitales estadounidenses con buenas conexiones políticas adquieren activos deprimidos antes de una eventual normalización de las relaciones entre Washington y La Habana.
Bajo esta interpretación, la operación sería una apuesta estratégica de largo plazo: comprar barato hoy para beneficiarse mañana de una eventual apertura.
Más que una simple adquisición minera, se trataría de una forma de arbitraje geopolítico, donde las conexiones políticas se convierten en un activo tan importante como el propio níquel.
Segunda hipótesis: presión y control estratégico
Otros observadores consideran que no se trata de una apertura, sino de una modalidad diferente de lo que importa la influencia.
El exembajador canadiense en Venezuela, Ben Rowswell, ha descrito dinámicas similares como una actualización de la vieja lógica de predominio hemisférico estadounidense, es decir menos intervención política directa y más utilización de instrumentos económicos y financieros.
Desde esta perspectiva, la entrada de Gillon Capital no sería una señal de liberalización, sino una forma de asegurar el control sobre recursos estratégicos.
La cuestión de los minerales críticos
El níquel y el cobalto se han convertido en minerales esenciales para las baterías de vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento energético y diversas aplicaciones vinculadas a la defensa.
Actualmente, buena parte de la cadena mundial de suministro está dominada por China y por productores africanos, especialmente la República Democrática del Congo.
Moa representa una de las mayores fuentes de cobalto del hemisferio occidental fuera de la órbita china. Por ello, el interés estratégico de Washington resulta evidente.
Una vía legal excepcional
Si una empresa estadounidense pasa a controlar Sherritt, el Departamento del Tesoro podría autorizar determinadas operaciones mediante licencias específicas de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), invocando razones de interés nacional.
Algo parecido ocurrió con las excepciones concedidas a Chevron para operar en Venezuela en determinados momentos.
¿Apertura o sustitución de actores?
La operación tampoco implica necesariamente una apertura general del mercado cubano al capital estadounidense.
Una interpretación alternativa sostiene que las sanciones terminan debilitando tanto determinados sectores económicos que el gobierno cubano se ve obligado a aceptar la entrada de actores específicos capaces de aportar financiamiento, tecnología o acceso regulatorio.
En ese escenario no habría libre mercado, sino una sustitución gradual de actores económicos bajo condiciones impuestas por la correlación de fuerzas internacional.
¿Qué dice GAESA?
Hasta el momento no ha sido posible obtener una reacción oficial del conglomerado militar-empresarial cubano GAESA. Los intentos de contacto realizados para este trabajo no obtuvieron respuesta.
¿Qué dice el gobierno de Cuba?
Tampoco existe, por ahora, una explicación pública detallada sobre el significado político de la operación.
Sin embargo, observada desde la distancia, la jugada parece diseñada para funcionar en casi cualquier escenario.
Si las relaciones entre Washington y La Habana mejoran, la inversión puede multiplicar su valor. Si la confrontación continúa, Gillon Capital mantendrá influencia sobre uno de los activos mineros más estratégicos del Caribe, con acceso privilegiado a los círculos políticos que determinan la política estadounidense hacia Cuba.
En ambos casos, la apuesta parece cuidadosamente calculada.
La pregunta sigue abierta: ¿estamos ante el primer paso de un futuro deshielo o ante una nueva forma de ejercer influencia sobre la isla?
El tiempo dará la respuesta.