Don Juan Nepomuceno Rulfo

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Este año Juan Nepomuceno Carlos Rulfo Vizcaíno, hubiera cumplido 102 años. Conocido como Juan Rulfo y nacido en Sayula, México, fue uno de los grandes escritores del siglo veinte. Mi generación creció leyendo a los escritores del denominado Boom latinoamericano, entre ellos al autor de Pedro Páramo y El llano en llamas que, sin embargo, no formaba parte de la selecta lista de escritores publicitados en Europa.

El condado de Yoknapatawpha, de William Faulkner; la ciudad de Santa María, de Juan Carlos Onetti; los pueblos de Macondo, de Gabriel García Márquez y Comala, de Juan Rulfo, son lugares imaginarios que ocupan un espacio en nuestra memoria y son más reales que algunas ciudades o pueblos que existen y de los cuales nadie se acuerda. Comala, es para los escritores una piedra de toque, un lugar al que debemos visitar como los cristianos visitan Jerusalén o los musulmanes La Meca. Una vez que se conoce Comala, el pueblo y sus personajes se posesionan en nosotros, apareciendo en nuestra escritura en la oración menos pensada.

El llano en llamas, publicado en 1953, incluye diecisiete cuentos cuyo hilo conductor es la relación profunda del ser humano con la tierra. En estas narraciones va creando atmósferas dramáticas y poéticas que lo caracterizará, alcanzando su exaltación en la novela Pedro Paramo, publicada en 1955. Rulfo narra el desencanto de la revolución mexicana. Esta novela, que no tuvo éxito al principio -Rulfo tuvo que obsequiar más de la mitad de la edición a sus amigos, conocidos y a quien quisiera leerla-, posee una de las introducciones más citadas por críticos, narradores y talleristas: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera”. En las obras de Rulfo, la construcción verbal es la que crea el ambiente campesino, sin llegar a ser costumbrista. La trilogía: Espacio, tiempo y lengua es manejada magistralmente por este escritor.

Mis hijos bajan de la Web muchos de los libros que leen y, sin embargo, me pidieron que les consiga los de Rulfo en papel; ese es el homenaje que hacen cuando un autor les ha impactado. No fue fácil pues la mayoría de las librerías no los tienen y yo me resisto a comprar de los piratas, al final adquirí una mala edición cuyas hojas se salen cada día, como si el libro fuera un árbol en otoño. Juan Rulfo, es como ese árbol, que se renueva cada año sin dejar de ser el mismo.