Entre conflictos, marchas, bloqueos y paros, así se vivió el Día de la Madre 2026 en la ciudad de La Paz. Las calles estuvieron marcadas por pedidos de rebaja en los precios de la canasta familiar, demandas de incremento salarial e incluso solicitudes de renuncia del presidente. Fue una jornada muy diferente a la que tradicionalmente suele vivirse cada 27 de mayo.
La ciudad mostraba calles y puestos llenos de regalos para mamá: rosas, chocolates, dulces y pequeños detalles que intentaban mantener vivo el espíritu de la fecha. Sin embargo, los precios parecían haberse duplicado, haciendo que incluso los gestos más sencillos se volvieran difíciles para muchas familias.
A diferencia de otros años, faltaba algo importante en las calles: los estudiantes. No se veía a los niños caminando con tortas pequeñas, flores o regalos comprados con sus pocos ahorros, pero llenos de un amor imposible de medir en dinero. Las clases virtuales, implementadas nuevamente, dejaron vacías las avenidas y le quitaron a la ciudad ese toque de alegría que caracteriza esta fecha.
Y es que la virtualidad en nuestro país todavía presenta muchas deficiencias. Aunque existen docentes comprometidos que hacen grandes esfuerzos por adaptarse y capacitarse por cuenta propia, la realidad es que muchas clases terminan siendo poco dinámicas y difíciles de aprovechar. Falta capacitación real, herramientas adecuadas y una verdadera estrategia educativa que permita que aprender desde casa sea efectivo y no simplemente una obligación.
En medio de este panorama, tanto oficinas públicas como privadas otorgaron asueto a las madres trabajadoras. Sin duda, ese tiempo libre representa uno de los regalos más valiosos: compartir aunque sea media jornada con quienes son la verdadera razón de esta celebración, sus hijos.
Sin embargo, incluso disfrutar de una comida familiar en un restaurante se convirtió en un gasto difícil de asumir. Aun así, muchas madres y familias hicieron el esfuerzo, porque el Día de la Madre no es cualquier fecha. Hay momentos cuyo valor emocional supera cualquier dificultad económica.
También fue preocupante escuchar que algunos sectores movilizados pidieran a las madres asistir a las marchas acompañadas de sus hijos. Algunas lo hicieron, exponiendo a niños y niñas a situaciones de violencia y tensión social. Resulta contradictorio que quienes deberían proteger a los menores terminen colocándolos en escenarios de riesgo.
Así transcurrió el Día de la Madre en esta querida “La Paz, Ciudad Maravilla”.
Pero más allá de flores, chocolates o actos protocolares, es importante reflexionar sobre lo que realmente necesitan las madres bolivianas. El mejor homenaje no debería quedarse únicamente en discursos o celebraciones simbólicas, sino traducirse en leyes, normas y acciones concretas que verdaderamente protejan y dignifiquen a una madre.
Hoy, miles de mujeres que tienen la guarda de sus hijos enfrentan un verdadero viacrucis para obtener asistencia familiar. Muchas veces terminan gastando más dinero en trámites judiciales de lo que finalmente reciben. Deben pagar abogados, notificaciones, transporte, gastos judiciales e incluso apoyo policial para ejecutar mandamientos de apremio. Y si el padre obligado se encuentra en otra ciudad, los costos aumentan aún más.
Lo que debería ser un proceso rápido y gratuito termina costando entre mil y dos mil bolivianos, sin contar honorarios profesionales del abogado. Todo esto para exigir algo que no debería necesitar orden judicial: la responsabilidad de un padre hacia sus hijos.
A esto se suma otra realidad dolorosa: la violencia contra la mujer y, especialmente, contra muchas madres. Muchas callan por temor, dependencia económica o por intentar mantener unido el hogar para proteger a sus hijos. Instituciones que deberían brindar apoyo inmediato como la Defensoría de la Niñez, el SLIM, la Defensoría del Pueblo o incluso la Fiscalía en ocasiones terminan burocratizando las denuncias, haciendo que las mujeres peregrinen de oficina en oficina buscando justicia.
Muchas madres realizan estos trámites cargando a sus hijos en brazos, gastando dinero en pasajes y soportando largas esperas. El cansancio, la frustración y la falta de respuestas terminan haciendo que muchas desistan, callen o continúen soportando situaciones de violencia. Pero el dolor que vive una madre inevitablemente también repercute en sus hijos.
Y así podrían mencionarse muchos otros ejemplos que muestran que el Día de la Madre no debería reducirse únicamente a palabras bonitas pronunciadas por autoridades o campañas temporales. Las madres necesitan herramientas reales, acceso a una justicia rápida, gratuita y eficiente, además de políticas públicas que verdaderamente las acompañen y protejan.
Porque una ciudad maravillosa también merece gobernantes que estén a la altura de ese nombre.
Andrea Cárdenas Rada es Abogada -Docente Universitaria