Blog Post

News > Ensayos > Medición, caracterización y el significado de los conflictos

Medición, caracterización y el significado de los conflictos

Christian Jiménez Kanahuaty

La tarde del miércoles 29 de julio en la ciudad de La Paz, en el Hotel Presidente, se presentó la investigación El camello. Picos amenazantes de conflictividad en Bolivia, propiciada por la Defensoría del pueblo en Bolivia. En la investigación se observa cómo se forman los conflictos. Por un lado, se entiende su territorialidad, es decir, el lugar donde acontecen y su radio de acción. Luego, las demandas, es decir, el tipo de querellas que se establecen, las soluciones que se demandan y el modo en que se gestionan las mismas. Pero también se entiende al conflicto como una suerte de enfrentamiento a diversas escalas entre organizaciones, movimientos sociales y diferentes instancias de toma de decisión en el país.

Los picos se reproducen en un par de secuencias de escalada y crecimiento. Primero, entre los meses de mayo y junio y luego entre septiembre y octubre. Estos dos momentos de los conflictos constituyen una tendencia que se viene reproduciendo desde hace al menos, cuatro años atrás. Sin embargo, lo importante es ver que los conflictos no sólo alcanzan picos muy altos en estos meses, sino entender que también a lo largo del año se presentan otro tipo de conflictos cuya violencia y repercusión es menor, pero inciden en la construcción de paz y estabilidad gubernamental.

Se señala que la conflictividad por un lado, detona escenarios proclives a la crisis del Estado, pero también determinan la calidad de la democracia porque establecen espacios diversos para el debate, el dialogo y la deliberación, pasando de los escenarios institucionales, a las calles, asambleas y carreteras. Son estos espacios no tradicionales donde la política se desarrolla para establecer una serie de demandas para con el gobierno central, los gobiernos departamentales y los municipios.

Esta dinámica establece una serie de transformaciones en el modo en que se resuelven los conflictos porque el dialogo, la concertación y la organización de la agenda política queda en un segundo plano. Las medidas se radicalizan, las propuestas crecen y las respuestas se hacen difusas y poco eficaces.

En un escenario poroso de gobernabilidad es fácil construir espacios desde los cuales se reste legitimidad al gobierno. Sin embargo, por parte de la sociedad, también hay un desgaste porque no puede estar en todo momento movilizada y en pie de lucha. Hay momentos de reflujo e instantes en los que los conflictos migran de territorio en territorio. Es por ello que se hace difícil gobernar, porque mientras se soluciona un problema en una territorialidad, en la otra, empieza a surgir un nuevo conflicto.

Esto no necesariamente tiene que ver con la escasa capacidad del Estado y del gobierno para generar políticas públicas, sino que implica que cada acción gubernamental genera una reacción de un sector. Con lo cual, la lógica de alianzas, cooperación y concertación queda anulada, porque en cierto sentido, las respuestas que se da a un sector movilizado, sirven de aliciente para que otro sector en pausa, se levante y esgrima sus propias demandas.

Estratificar la vida de las instituciones desde la construcción colectiva de demandas genera un desgaste en los recursos, pero también en la institucionalidad. Genera, además, un espacio de descredito sobre las instituciones que termina por configurar escenarios de transformación de los conflictos por mecanismos que tienen que ver con el diálogo y la cultura de paz.

Ahora bien, la cultura de paz tiene que ver con la cultura política de un Estado. Es decir, el modo en que los ciudadanos entienden y perciben a sus instituciones, califican su desempeño y generan adhesión a ellas porque resultan creíbles en su vocación de servicio. Pero cuando la cultura política se transforma y la ciudadanía desconfía de las instituciones y de funcionarios públicos, el dialogo y los acuerdos resultan imposibles.

La cultura de paz es una construcción social que requiere de generaciones para lograr efectos concretos en el modo en que se vive una democracia de acuerdo a sus valores y principios, que por muy normativos y regulatorios que sean, sirven como base para la construcción colectiva de la satisfacción de las necesidades básicas a través de políticas públicas tanto generales como focalizadas.

Dentro de un escenario donde los conflictos se pueden medir y evaluar su impacto en la política y en la credibilidad del sistema político, además de mostrar cómo afectan al desarrollo económico, se abre un espacio para pensar la conflictividad como un medio a través del cual, organizaciones y movimientos sociales, buscan conquistar demandas que de otro modo no serían atendidas. Y si bien esto puede ser matizado, la otra cara de este fenómeno es que el conflicto también hace visible el modo en que se vive la política en el país.

Porque si bien no existe genéticamente un elemento que haga al boliviano proclive a las movilizaciones, marchas y bloqueos, sí hay que reconocer, que existe una voluntad política concreta y continua para ejercer control social desde las calles y establecer una agenda de necesidades alternativa a la que plantea el gobierno. Buscar el punto de equilibrio entre la política de las calles y la institucionalidad es el reto de la democracia, pero en un escenario plurinacional, esto es aún más concreto porque la pluralidad de demandas también responde a las identidades culturales, sociales y económicas en juego.

Esto no es sino una manera de demostrar que la construcción de paz también debe atravesar procesos de complejidad donde el modelo debe ampliarse para entender una sociedad compleja y unas organizaciones y movimientos sociales que también son complejos; y que además, no se pueden pensar como sólidos y homogéneos, debido a que en los últimos veinte años, han sufrido transformaciones y fragmentaciones internas.

Vivir en democracia es un horizonte que se construye día a día, y estudios como los que se presenta en el trabajo El camello, sirven para enfatizar los logros y los alcances del dialogo, las políticas de deliberación colectiva para construir políticas públicas desde abajo, pero también hacen evidente los retos que afronta un país, cuando la tendencia de picos de conflictividad marca y limita la agenda gubernamental.

El gobierno cada año se encuentra entrampado entre ambos picos, y en ese sentido, es imposible hacer gestión. La pregunta es cómo salir de esos picos y generar un flujo más dinámico en la gestión. Una posible respuesta tiene que ver, desde la perspectiva de este estudio, con la ingeniería institucional, y con el reclutamiento de más actores para construir agenda política anual dentro del gobierno.

Reformar las instituciones es un reto de un proceso de transición política que atraviesa el país, porque este presente presenta una nueva etapa de la consolidación de la democracia. Porque después de vivir la democracia representativa, luego la democracia participativa y después la democracia intercultural, hoy se nos presenta la democracia plurinacional, que no es sino la suma de las tres anteriores, más la capacidad recurrente de organizaciones y movimientos de diversas zonas del país, identidades y estratos sociales, de salir a las calles para postular y demandar otro tipo de país.

Esta democracia plurinacional (como nuestra propuesta de lectura de la investigación) es la que subyace en la investigación; que, aunque no es nombrada, funciona como eje articulador entre la vida cotidiana del Estado y la vida conflictiva. La vida cotidiana es aquella donde los conflictos si bien existen se resuelven con facilidad y no generan desgaste instruccional. La vida conflictiva además de generar desgaste institucional, genera acuerdos precarios y erosiona la legitimidad de gobernantes.

Por ello, los picos de conflictividad responden también a facetas de activación de memorias largas y cortas de conflicto desde inicios de siglo XX. Temas recurrentes, actores constantes y demandas irresueltas. Todo ello da como resultado, en ocasiones, acciones erráticas por parte del gobierno. Pero si al esquema se le añade cualitativa y cuantitativamente, el carácter de lo plurinacional, se podrá gestionar mejor el conflicto y resolver de mejor modo el problema de la inclusión política de sectores invisibilizados y excluidos de la política tradicional. Porque el tema de la inclusión es uno de los motores del conflicto, pero que aparece detrás de demandas más generales como salarios o créditos.

Entonces, hacer investigación estratégica implica pensar el país en varias dimensiones y temporalidades. Pero, además, sirve para reconocer lo que se hizo, lo que queda por hacer y lo que hay que transformar. Resolver los picos de conflictividad desde la perspectiva de la democracia plurinacional, es una oportunidad que puede dar pie a una verdadera transformación de la fisonomía del Estado de una vez y para siempre.

error

Te gusta lo que ves?, suscribete a nuestras redes para mantenerte siempre informado

YouTube
Instagram
WhatsApp
Verificado por MonsterInsights