Esa obsesión mediática

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Han pasado casi dos años desde las elecciones de octubre de 2019 y los posteriores hechos que derivaron en un enfrentamiento y polarización nacional que hoy no se resuelve en Bolivia y, al contrario, se reitera, se insiste, se machaca sin paz ni sosiego en lo referido a que entonces hubo fraude versus hubo golpe. En ello, los medios contribuyen día a día.

Si uno ve las noticias dando saltos temporales, parecería que, pese a que pasan días, semanas y meses, en realidad poco cambia en la actualidad boliviana, en esa realidad que construyen los medios, ya que en general son las mismas noticias salvo mínimos cambios el desarrollo de los acontecimientos, como esas telenovelas interminables en que todo gira alrededor de una trama a la que sus guionistas buscan estirar al máximo.

La expresidenta Jeanine Áñez sigue pidiendo salir libre aduciendo que no hizo nada, desde el gobierno y sectores sociales le siguen recordando que en su gobierno se mató a una treintena de personas y que hubo gran corrupción; por un lado se hace énfasis en que el partido de gobierno (MAS) se divide o que hay pugnas internas, por el otro se habla de la unidad del masismo para hacer frente a la derecha golpista; están quienes quieren mostrar que el país se va al garete y buscan generar movilizaciones y están quienes señalan que sólo se busca reeditar una revuelta que acabe con el gobierno legítimo elegido en las urnas… asuntos que giran alrededor de dos posiciones que enfrentan a quienes señalan el “hubo fraude” electoral y quienes aseguran que “hubo golpe”.

¿En serio merece tanto espacio informativo si hubo fraude o hubo golpe? ¿A estas alturas, a la gente le interesa eso y no otros asuntos? Son, evidentemente, temas importantes y que se deben resolver; sin embargo, no tienen la dimensión y extensión que, repetitivamente, día a día alcanzan. Además, lo único que logra ese tratamiento obsesivo mediático es acrecentar la polarización, los odios y generar dos únicos discursos que se lanzan, se rechazan, se repelen y enfrentan. Basta.

¿Cómo está la economía del país? ¿Qué pasa con la generación de empleos? ¿Qué se hará con el cambio climático que tiene en ascuas a todo el planeta? ¿Qué se hace con la violencia machista? ¿Qué pasa con el sistema de salud luego de la llegada y expansión del covid-19? ¿La pandemia, qué efectos está causando en la educación? ¿Se ha reducido la brecha tecnológica? ¿Cuál es la situación de las mujeres y la población indígena en todos estos puntos?

De todos estos temas se informa, dirán algunos periodistas; seguramente sí, pero son noticias muy devaluadas en el espacio y relevancia en que son presentadas. La centralidad de la información no es que sea política, es que es referida al enfrentamiento y polarización golpe o fraude y, así, su contribución social resulta inclusive negativa.  

La política es importantísima en el ámbito noticioso porque se trata del ejercicio y lucha por el poder; sin embargo, hacer que sea constantemente el asunto central, con un tratamiento muy restringido a fraude o golpe, no refleja una realidad, sino parcial e interesada. En noticias relacionadas con el poder, por ejemplo, es posible también hablar del poder que ejercen o no las mujeres en todos los ámbitos, o la población indígena, y esto tanto en el gobierno central como en los espacios locales, departamentales y municipales, empresariales o actividades informales, además de lo cotidiano. Bolivia es un país muy machista y muy racista por lo que incidir en denunciarlo sí contribuye a ver la realidad boliviana de forma más amplia.

La obsesión mediática sobre la difusión de noticias referidas a si hubo fraude o golpe no es inocente, va dirigida a sus públicos de fieles convencidos que se reafirman en sus creencias, que rechazan con más fuerza cualquier otro argumento y que se posicionan en esa polarización, generándose así más posibilidades de reacción y enfrentamiento ¿Es eso lo que se busca? El aporte social de un medio responsable, además de buscar parte y contraparte, es ampliar su espectro noticioso.