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Deuda externa ¿2.446 millones de dólares?

¿A cuánto llega la deuda externa en julio de 2026? El Banco Central afirma que suma casi $us 14.358 millones (catorce mil trescientos cincuenta y ocho millones). Según esos datos, en el semestre primero de este año el país habría recibido 1.217 y fracción de millones en desembolsos externos. 

En el mismo periodo, Bolivia contrató cuatro nuevos préstamos y realizó una emisión de títulos de deuda por $us 1.322,3 millones. Todas las cifras de este artículo se expresan en la moneda oficial de Estados Unidos.

Al restar de los ingresos lo que pagamos por deuda nos queda un saldo negativo de $us 67 millones. El total de pago es 1.285 millones, resultante de sumar 977,4 millones por capital y 307,5 millones en intereses y comisiones. Por ahora, lo mucho y más rápido que nos prestamos no alcanza para pagar cuanto ya debemos. 

Si se agrega, además, la carga de la deuda interna, las cifras negativas y rojas trepan sin misericordia. El Gobierno, que tiene las cifras actualizadas de ambas, aspira que al cumplir su mandato pueda haber recolectado un total mínimo de $us 8.000 millones por créditos externos.

Si retrocedemos en el tiempo medio siglo, durante la dictadura de Banzer, época de crecimiento histórico de la deuda externa, esta trepó a $us 4.000 millones. Esa cifra transportada al presente alcanzaría casi 23,5 mil millones, tomando en cuenta que cada dólar de los años 70 del siglo anterior tenía un poder de compra de 5, 87 dólares de la divisa norteamericana en la actualidad, según in2013dollars.com. Con el mismo criterio, el endeudamiento de hoy equivale a 2.446 millones de esos poderosos dólares del pasado.

Claro que existen diferencias entre la realidad de aquel momento y la que confrontamos ahora. Nuestra población de este año se acerca a los 13 millones de habitantes, de acuerdo con las proyecciones de Worldometer de Naciones Unidas, en comparación con los 4,6 millones de 1976. Casi el 60 % radicaba en áreas rurales, en tanto que hoy más del 70 % lo hace en las ciudades.

En cambio, permanece constante que en 1976 Bolivia tenía la economía más reducida de Sudamérica (Venezuela era la mayor, por encima de ¡Brasil!) y ahora seguimos en la misma ubicación, a pesar de cualquier “proceso de cambio” y de las promesas y cifras de los políticos profesionales. 

Esta tabla de posiciones puede ser muy discutida, respecto a los datos no estandarizados de hace medio siglo, pero el trabajo del economista Angus Maddison que se ha usado como base es sólido.

La constancia de las estadísticas económicas contrasta con las transformaciones sociales y políticas, por las cuales parte de la población campesina, muy diversificada ahora a raíz de la migración interna, ocupa espacios antes inimaginables.

“Mirar por el retrovisor” sirve para ensanchar la perspectiva y no ahogarnos al encarar nuestros problemas presentes, tratando de remontar las miradas mezquinas que predominan entre los actores políticos principales. Entre ellos se ha impuesto la idea, por ejemplo, de que la única manera de encarar la deuda es engordándola e insistir en buscar recursos de inversión en los recursos tradicionales. Es decir, la exportación de hidrocarburos, minerales (incluyendo el litio), semillas oleaginosas y carne.

Esa visión no toma en cuenta que si hablamos de hidrocarburos, aunque las transnacionales llegaran a enloquecer por ofertas atractivas para atraerlos, se necesitan unos siete años, en promedio, para ver resultado de inversiones hechas, así sea mañana. Por otro lado, la prioridad de abastecer nuestra demanda interna multiplica los factores adversos de mercado para la producción boliviana, comparada con la de nuestros dos vecinos con reservas mayores, para no hablar de los cambios en la demanda, a partir del avance de generación mediante fuentes alternativas.

Las mayúsculas esperanzas en la explotación de litio de la que hablan todos los grupos y asociaciones políticas del país prefieren ignorar que “las reservas mundiales totales de litio económicamente explotables ascienden a 37 millones de toneladas métricas de contenido de litio. Esta cifra representa un salto significativo respecto a los 14 millones que se reportaban en 2016”, de acuerdo con la publicación de Advanced Energy Technologies, en marzo de este año.

La urgencia de China, la economía más avanzada en baterías de litio, de no depender de fuentes externas ha hecho que CATL, la principal empresa mundial del rubro, lance este año las baterías de sodio, cuyo costo es menor en un tercio. La administración de Arce Catacora firmó con CATL compromisos que prácticamente no incluyen ninguna forma de transferencia tecnológica.

En breve: hacer crecer la deuda para atraer inversiones en los cimientos productivos del modelo vigente (sea en su variante estatista o privatista) nos mantendrá en la cola del continente, roerá la paciencia social de los últimos años, aunque se busque el auxilio de inteligencias artificiales y se juegue y se tuerzan las estadísticas y los números.

Roger Cortez es investigador y docente universitario.

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