Pablo Cingolani
¿Dónde está ese jinete solitario
arreando sus penas
por los lados de Quillacas?
¿Dónde esa tormenta de granizo
que azotaba tu rostro
en las faldas del Akamani?
¿Dónde están los niños de Mojos,
en el Caupolicán inmemorial
que, de arribada,
nos miraban como si fuéramos fantasmas,
tal vez demonios?
¿Dónde están esas huellas labradas
en la arena rubia y morena?
¿Y el viento?
Ese feroz, que alentaba ilusiones,
¿dónde está?
¿Dónde esa magia de la noche
que exiliaba el dolor?
¿Dónde y cuándo la memoria regresa
Y se vuelve cauce
para reencontrar a los dioses?
¿Dónde esa luz de faro recrudece?
¡Ay, esas soledades temibles!
¡Ay, ese revuelo incesante de minerales!
¡Ay, esa sed de cuarzos!
¡Ay de esa fragua!
Tal vez sea hora
De volver
A amarrarla
A tu espalda
Tal vez sea el momento
De volver
A buscarla…
Tal vez esa vida
Que es tuya
Siga siendo
La mía.