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Sálvese quien pueda

Lugar común antiguo, se relaciona con el naufragio de un navío cuyo capitán, ante la imposibilidad de evitar la catástrofe, anuncia a cada quien que debe tratar de salvarse como pueda.

Si el navío es el Estado boliviano, refugio en el viaje sobre las aguas de la historia con destino en una mejor vida, el peligro de naufragio de tal que ni siquiera tiene capitán dispuesto a jugarse para dar a la población la opción de salvarse cuando la nave está destruida. Claro. Eso exige verdad y no es fácil si la mentira y el disimulo son los recursos del irresponsable que cuida sus intereses mezquinos y no tiene siquiera sentido de autoconservación.  

A 9 meses de la posesión de Paz como Presidente, sus exclamaciones: “¡Bolivia, Bolivia, Bolivia!” y “¡la patria, la patria, la patria!”, reiteradas hasta hartar, recurso histriónico para romper el silencio porque al parecer no tenía otra cosa que decir, suenan hoy a un ser perdido en las brumas de lo desconocido, en caminata a tientas que grita mientras trata de ubicarse. Sin haberlo logrado y sin esperanza de que lo vaya a lograr.

La contención y superación de la compleja problemática del país, resultado del modelo autoritario de corte estatista, requería medidas de fondo, con urgencia.  Sugeridas una y otra vez por los expertos, dictadas incluso por mera sensatez.

Desde 2006, en dos noviembres puso darse: en 2019 y en 2025. En 2019, la señora Jeanine Añez, caída en el cargo sin haberlo previsto jamás, fue presa de sus propias limitaciones y de aquellas emergentes de ese contexto bizarro en el cual quedó sola, a merced de consignas e intereses de unos y otros, (incluyendo los “salvadores” de las organizaciones internacionales), frustrando lo que pudo ser el inicio del rescate de Bolivia en dirección a la democracia y el estado de derecho.

En el segundo caso y a diferencia del primero, el señor Rodrigo Paz, fue elegido en las urnas y tuvo a su favor la posibilidad de articular una estructura de poder sólida que lo sacara de la orfandad propia de un candidato sin partido y muy mal acompañado por un individuo de probada conducta errática, a condición de convertir en una bancada real a los senadores y diputados juntados en su lista, y pactar, en serio, por la gobernabilidad y la democracia con Libre y Unidad Nacional.

No lo hizo y no hay señales de que lo vaya a hacer.  Volvió a frustrarse la oportunidad de imprimir una dinámica distinta eficaz para cambiar la situación del país.

En palabras del filósofo H.C.F. Mansilla durante su entrevista en el podcast “Sin Maquillaje” de Mery Vaca, “Bolivia tiene ahora un gobierno dirigido por “una élite de blancos extremadamente ineficientes en el plano técnico y extremadamente corruptos en el plano ético”.

Irrebatible aseveración, más después de los escándalos de las maletas con oro de un señor Lema supuestamente vinculado con la hija del señor Paz Pereira según refiere Bolivia Verifica el 2 de agosto pasado, de la compra de un coche eléctrico Audi (entre otras cosas, señal de que la escasez de carburantes continuará), con incongruencias de índole impositiva del señor Espinoza, ministro de Economía y Finanzas, detalladas en publicación de Visión 360 de 13 de agosto, y del señor Hoyos, presidente de la CNS, con el incremento súbito de sus cuentas conforme difunde el periódico “El País” de Tarija el 14 de agosto.

La incertidumbre aumenta con la elevación de los precios en general, la falta de fuentes de ingresos por el agotamiento del gas sin miras de otra a corto plazo, con una minería depredadora de la naturaleza que no deja impuestos, la prosecución de la escasez de combustibles, el aumento del desempleo y, por lógica consecuencia, la depauperación de las condiciones de vida de la población en general.

El incremento de la inseguridad, señal inequívoca de la crisis de Estado, se añade a las tribulaciones de la ciudadanía. Es más notoria en el Oriente, con muertos sumando cada día, prueba irrefutable de la presencia activa de organizaciones criminales llegadas desde afuera ante las cuales la policía demuestra sus debilidades para hacerlo, con severos indicios de tener dentro elementos complicados con esas estructuras delincuenciales.

En el horizonte, negros nubarrones. “Ya viene octubre”, susurran en tono de profecía apocalíptica los mismos de siempre, con su caudillo fuera de juego, dispuestos a incendiar otra vez Roma para satisfacerle.

El 25 de junio pasado en el mismo podcast “Sin Maquillaje”, Carlos Hugo Molina afirmó que “el gobierno de Rodrigo Paz no va a ser distinto de lo que sido hasta ahora, (…) porque las condiciones que él arrastra o que él tiene o que él administra, no han cambiado”.  No se equivocó. Dijo más: “la sociedad boliviana no tiene necesidad de institucionalidad porque es informal”. Y esa es una provocación que no ha sido analizada hasta ahora. De ser como él dice, hay que dilucidar si Bolivia está cerca del sueño anarquista que excluye al Estado o de la pesadilla somalí de la tierra de nadie donde, sin vuelta, se salvan los que pueden.  

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