El lado oblicuo/ Cuento
Paul Archer ―Me alegra que hayas venido, Susana ―dijo Horacio.Estábamos sentados junto a la ventana, bebiendo capuchinos. Nuestras rodillas se tocaban bajo la mesa; el sudor surcaba mi rostro, cubierto de polvo.―Que simpático te ves en persona, no imaginé que fueras tan alto ―le dije, con una sonrisita cómplice, como dándole a entender que me […]