En un informe del Banco Mundial se describen políticas beneficiosas para todos a fin de que, tras la pandemia, los países busquen una recuperación inteligente respecto de la naturaleza.

En un nuevo informe del Banco Mundial se estima que el colapso de determinados servicios ecosistémicos proporcionados por la naturaleza —como la polinización silvestre, el suministro de alimentos provenientes de la pesca marina y la madera de los bosques nativos— podría resultar en una disminución del producto interno bruto (PIB) mundial de USD 2,7 billones anuales para 2030.

El documento titulado The Economic Case for Nature (Los argumentos económicos a favor de la naturaleza) subraya la fuerte dependencia de las economías respecto de la naturaleza, particularmente en los países de ingreso bajo. En el informe se pone de relieve que las regiones de África al sur del Sahara y Asia meridional sufrirían para 2030 la contracción relativa más marcada del PIB real debido al colapso de los servicios ecosistémicos: la reducción se ubicaría en el 9,7 % y el 6,5 % anual, respectivamente. Esto se debe a la dependencia de dichas regiones respecto de los cultivos polinizados y, en el caso del África al sur del Sahara, de los productos forestales, así como a la limitada capacidad de pasar a otras opciones de producción y consumo que se verían menos afectadas.

“Para lograr el crecimiento económico es fundamental preservar la naturaleza y mantener sus servicios”, dijo el presidente del Grupo Banco Mundial, David Malpass. “Las políticas y las reformas que incluyen un planteo inteligente en relación con la naturaleza, incluidas las reformas a los subsidios agrícolas y las inversiones en innovación agrícola, mejoran la biodiversidad y los resultados económicos. A medida que los países buscan recuperarse de la pandemia de COVID‑19, es importante que el desarrollo económico mejore los resultados en relación con la naturaleza”.

“Es una combinación de políticas que muestra los mayores beneficios tanto para la biodiversidad como para las economías. Para los países en desarrollo, es particularmente importante y beneficioso sumar a la combinación de políticas la inversión en investigación y desarrollo”, afirmó Giovanni Ruta, economista principal del Banco Mundial especializado en medio ambiente y uno de los autores del informe.

El informe se elaboró en estrecha colaboración con la Universidad de Minnesota y la Universidad Purdue, y se publica en un momento en que los países se aprestan a formular un nuevo marco mundial sobre la biodiversidad en la Decimoquinta Conferencia de las Partes (COP15) (i) del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que se celebrará en Kunming (China).

Las políticas inteligentes en relación con la naturaleza serán cruciales para implementar el marco mundial de biodiversidad posterior a 2020. La Conferencia de las Partes de Kunming también constituye una oportunidad para adoptar metas prácticas, como establecer la protección del 30 % de la tierra y el 30 % de los océanos para 2030 (conocida como la meta del “30×30”). En el informe se argumenta que los beneficios de los servicios ecosistémicos que se obtendrían al alcanzar la meta del 30×30 compensarían casi por completo los costos de oportunidad que generaría la protección de tierras adicionales establecida en esta meta.

Las inversiones en servicios ecosistémicos deben realizarse de manera tal que se aprovechen las sinergias con la mitigación y adaptación al cambio climático, ya que de este modo se refuerzan los argumentos en favor de la acción. Por ejemplo, cuando se implementan esquemas de pago por el carbono de los bosques, ya sea a nivel nacional o mundial, otras políticas nacionales, como la reforma de los subsidios agrícolas, se vuelven más eficaces para proteger la naturaleza al tiempo que se mejoran los beneficios económicos.

El Grupo Banco Mundial ha asumido el compromiso de apoyar operaciones centradas en la biodiversidad y que permiten invertir directamente en la conservación de especies y hábitats naturales y mejorar los medios de subsistencia a través de sectores que dependen del capital natural, como la silvicultura, la pesca y la agricultura. Durante el año pasado, la cartera del Banco Mundial incluyó 70 proyectos de biodiversidad en más de 40 países, con un compromiso neto estimado de USD 1180 millones. Entre los ejemplos de este trabajo se incluyen el Programa de Paisajes Sostenibles de la Amazonía, que cuenta con el apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (i), y las inversiones en agricultura sostenible y gestión del paisaje en Brasil y Etiopía.