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La historiografía en Bolivia

Christian Jiménez Kanahuaty

Los Anales de la academia boliviana de la historia 1990-1995, publicado en 1995, marca un hito en el modo en que se puede leer las reflexiones desde la historiografía sobre la historia boliviana, pero también indican el modo en que se hizo el trabajo histórico y los énfasis que se hacía sobre ciertas temáticas.

El libro reúne los discursos de ingreso a la Academia Boliviana de Historia, y aunque el subtítulo marca el lapso entre 1990 y 1995, lo que se encuentra al interior de libro es más bien, sesiones que se inauguran en 1985 con el discurso de Adolfo Morales que reflexiona sobre Noticias esquemáticas sobre los Archivos y la Casa de contratación de Sevilla, y la última sesión que recupera el discurso de Wilson Pacheco Mendieta de 1993, que trabaja Potosí y su Casa de la Moneda o el destino de una Histórica ciudad.

Lo que hay entre la primera y la última sesión de ingreso, es una forma de leer el trabajo sobre la historia que abordan intelectuales desde Mariano Baptista Gumucio, Jorge Siles Salinas, René Arce Aguirre, Gunnar Mendoza, María Eugenia Siles del Valle, Laura Escobari y Clara López Beltrán. Cada discurso marca un modo de abordar los problemas nodales que ellos habían integrado a su campo de conocimiento. Establecían límites metodológicos a su reflexión, técnicas de recolección de información, y adelantaban hallazgos y debatían conceptos.

En ese sentido, no eran simples discursos, sino que el discurso era el pretexto para pensar realidades históricas más complejas, y proponer fórmulas para acercarse a los problemas con rigor; y al mismo tiempo, con la suficiente creatividad como para elaborar nuevas vías de acceso a temas y planteamientos desarrollados por la historia en años o siglos anteriores.

Y esto es importante porque además de mostrarnos una faceta interna de la construcción de conocimiento en el núcleo de la formación académica de la historia en Bolivia, también habla de honestidad intelectual. Habla de interrogantes que hasta el presente siguen vigentes en el debate historiográfico. Son formas y maneras de diagramar los modelos sobre los cuales se ha leído la realidad boliviana desde la historia, aunque, como se podrá apreciar, muchos de los enfoques plasmados y planteados refieren más a una interdisciplinariedad que una visión única del mundo.

Usan la historia como puente que conecta historia con cultura, cultura con educación, educación con uso del territorio, y territorio con formación del archivo y este con la manera en que se recupera la voz y las prácticas sociales de personas, sociedades, grupos y organizaciones. Porque mientras los discursos de ingreso hablan de una trayectoria profesional, los datos que esgrimen y el modo en que son planteados, abordan el modo en que se recibe la información científica por un público que integra ese conocimiento para borrar ciertos lugares comunes y olvidos, o en definitiva, para hacer avanzar la ciencia porque se integrará ese discurso a nuevos mapas de investigación para ver hasta dónde puede llevar esa nueva información.

Reconocer que las actas, los discursos y los informes de investigación son parte del acervo científico sobre un país, también significa pensar la formación del campo intelectual y la manera en que se construyen los objetos de conocimiento, para entender cómo esos objetos de conocimiento arrojan información que luego, será de nuevo integrada, al sistema social, para lograr un conocimiento más profundo y completo sobre el país.

Reconocer desde el campo de las ciencias sociales las posibilidades que se encuentran cuando se encara el proceso de formación del conocimiento sobre un país y sus sociedades, es entender el lugar de dónde proviene el saber que tenemos en el presente acerca del pasado. Y ello puede dar elementos para pensar lo que se hace desde el presente para proyectar el futuro y dejar huellas, rastros, esquemas y análisis que podrán servir a los que vienen después para sus futuras investigaciones.

El campo de la investigación no es otra cosa que la suma de círculos concéntricos desde los cuales se aborda el problema territorial, económico, identitario y político del Estado boliviano. Pero, además, estos Anales de la academia boliviana de historia nos hacen pensar de qué manera el conocimiento científico resulta fundamental para entender las políticas públicas y la construcción de la nación.

Y es por ello que los recursos que se utilizan para investigar y los resultados de la investigación, no hablan solamente de la destreza del investigador. Sobre todo, hacen notar el modo en que se preserva el archivo y la documentación que sobre el pasado se tiene en repositorios y bibliotecas del país.

Notamos también la manera en que ciertas hipótesis se van confirmando o debatiendo en el proceso de la investigación: que la investigación se realiza para conocer y explorar algo que nos preocupa y no para subrayar algo que ya sabíamos de antemano.

Porque el motivo del trabajo académico es abrir rutas, modelos, esquemas y postulados que enriquezcan el debate intelectual, que alumbren zonas oscuras de nuestra historia, que se puedan identificar actores que se soslayaron o invisibilizaron y que con toda es información, el perfil del Estado y de la nación, cada día sea más cercano a la realidad. Y que luego, esa realidad pueda ser conocida para poder transformarla.

Lo que se lee, lo que se produce desde la lectura y lo que se sistematiza tras el proceso de la lectura no debe quedar solamente en el cuaderno de apuntes o en la libreta de notas. Todo debe estar encaminado hacia la construcción de un conocimiento social que sirva a la población, primero para conocerse a sí misma y después, para facilitar el modo en que se podrán entender los problemas nodales de las sociedades en perspectiva comparada a lo largo del tiempo. Para finalmente, resolver cómo a través de ese conocimiento se piensa la disciplina fundamental de la historia a través de sus enfoques, conceptos, métodos, teorías y escuelas.

Luego, de este caminar, el último estadio será reflexionar sobre el fin social de la historia como disciplina científica: generación de datos e información útil sobre el pasado para debatir sobre los problemas del presente y su historia individual.

Porque el objetivo es trazar -en definitiva-, la historia particular de cada uno de los temas/problemas que todavía quedan pendientes de resolución en la Bolivia del 2026. Entender que la historia del campesinado, del movimiento obrero, de la repartición de tierras, del uso de la moneda y del vestido por parte de mujeres, al mismo tiempo que conocer la historia sobre los mapas políticos del país y la estructura de clases junto con la manera en que se lee historia en el salón de clases en colegio, corresponden a su propia dinámica interna. Es decir, cada uno de estos temas marca una historia que tiene sus propias condiciones de existencia, con periodos, actores, lugares y fechas clave; pero juntas, esas historias, forman la historia contemporánea del país.

Y cuando podemos generar este modelo mental en nuestro interior, ocurre que, finalmente, entendemos los procesos de causa y efecto y de continuidad y ruptura sobre los temas álgidos del país, como algo más que secuencias, episodios y esquemas lineales producto de la retórica gubernamental o efecto de la asimilación de manuales de historia propias de la edad escolar.

Lo que esto nos indica, es que los problemas de la historia, son los problemas del país y ellos no se resuelven sólo de la mano de las buenas o malas intenciones de gobernantes, sino que se resuelven ante todo desde el conocimiento que sobre esos temas se dispone.

Entonces, y finalmente: estos Anales de la academia boliviana de historia marcan y postulan modelos de estudiar Bolivia desde la historiografía moderna. Orden el conocimiento desde ciertas áreas, nos muestran la agenda de investigación de notables investigadores y nos entrega en forma breve y concreta, resultados de esas investigaciones. Pero, además, nos postula un modo de interacción social que va desde la academia a la sociedad y de ella al mundo de la política que, concentrada en los procesos de toma de decisiones, establece lo que este país es o puede llegar a ser si lo miramos no sólo para anotar lo que observamos, sino para reflexionar y relacionar todo cuanto alcanzamos a vislumbrar entre lo que sabíamos, sabemos y estamos a punto de conocer.

Con lo cual, la continuidad y la ruptura entre los temas planteados por el pasado y los temas álgidos del presente, indican cómo se ha formado la razón instrumental del gobierno y el modo en que la academia a resuelto sus propias necesidades para no quedarse al margen del debate sobre el destino del país. con el fin de plantear el fondo histórico de los problemas que parecen tan nuevos, y sin embargo, poseen una longevidad que una vez demarcada, es útil para entender por completo las condiciones de producción social, política y económica de Bolivia y proyectar, el rumbo que tendrá dicha producción.

jimenezkdorian@gmail.com

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