Me lo habrán muerto en la guerra
Claudio Ferrufino-Coqueugniot Eduardo mide no más de metro cincuenta y cinco. Y en esta tierra de gringos parece un enano. Pero el pequeño hombre pasa entre los jefes de origen irlandés, con un “esquiusmi” bien entonado, con dos bolsas de cebolla en la cabeza. Sube con ellas por la escalera, hasta el segundo piso, bajo […]