Miguel Sánchez -Ostiz

Quedó dicho (Breves del desconcierto) que el Oscar Wilde del pueblón solo era un memo con dinero que disfrutaba ofendiendo a los demás o dejándolos corridos, y a eso le llamaba dandismo… pero conviene repetirlo para que no haya equívocos.

Año nuevo, año viejo… vidas nuevas, vidas viejas, siempre las mismas o, como mucho,  furtivas, en fila, como ahora misma de la memoria inmediata de la galerna que nos ha sacudido.

Que no se acuerden de ti, de tu pasado, infancia, juventud y etcétera, es un alivio y una bendición y como tal hay que tomarlo… desearías que se llevaran esos recuerdos al otro barrio, pero no te atreves a decirlo.

—¡Era un tramposo!
—Tú también si vamos a eso… (me dice mi sombra)

No remover, a qué acordarse, dicen… el miedo a recordar lo que saben con certeza que sucedió, en la calle de la load, en la misma escaleras, al otro lado de esa ventana a la que no había que asomarse; y no solo eso, sino miedo a recordar lo que hicieron sus familiares. Mejor callados, olvidadizos, desmemoriados, viviendo en la penumbra.