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Ante la crisis climática: Tener iniciativa o sufrir la adaptación

Jaime García Gómez

En días recientes el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) presentó su sexto reporte sobre la ciencia del cambio climático. Este reporte, preparado por 234 científicos de 66 países, trae como mensaje principal una advertencia: el mundo va a alcanzar o exceder 1.5 grados Centígrados de calentamiento global en las siguientes dos décadas producto de la actividad humana. Y ese calentamiento generará una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos como sequías, olas de calor, tormentas, frentes fríos, fuegos forestales, huracanes, etc. poniendo en peligro a millones de personas en todo el mundo.

El documento menciona que hay posibilidades de evitar este escenario pero se van a requerir cambios extremos en las emisiones de gases de efecto invernadero, o lo que es lo mismo, cambios extremos en la forma en que generamos nuestra energía, en el modo en que nos transportamos, o incluso en lo que comemos. En otras palabras, los científicos recomiendan un proceso de transformación extremo y rápido para alcanzar emisiones netas cero de gases de efecto invernadero para mediados de siglo, y no exceder esa marca de los 1.5 grados Centígrados, que ya se había establecido como marca en el Acuerdo de París. Prácticamente en 10 años hay que reducir a la mitad las emisiones globales para ir en la dirección adecuada.

El reto que se plantea es monumental, pues requerimos cambiar nuestra tecnología de forma estratégica, para disminuir emisiones sin afectar tanto los indicadores sociales y económicos. Recordemos que la crisis climática no es un problema del ambiente es una crisis humana producto de nuestra dependencia en tecnologías que tienen como base el uso de energías fósiles, y que como todo cambio tecnológico se van a generar costos y externalidades negativas que impactan en la calidad de vida de las personas en el corto plazo.  

Y es que cuando se analizan los datos a nivel mundial, hay una alta correlación entre emisiones de gases de efecto invernadero y producto interno bruto per cápita, prácticamente hay una tasa de transformación de emisiones de este tipo de gases en ingreso. Aunque por supuesto el desempeño de los países es diverso, pues mientras que Panamá y Costa Rica son más eficientes en transformar sus emisiones de gases de efecto invernadero en ingreso per cápita, otros países como Bolivia y Paraguay son menos eficientes en esta transformación. La clave de la adaptación hacia un modelo de reducción de gases de efecto invernadero como la que sugiere el IPCC pasará por incrementar al máximo esa eficiencia en la próxima década, entendiendo que hay que desligar el desarrollo de los países de la emisión de gases de efecto invernadero.

Gráfica 1. Gráfica de PIB per cápita ajustado por paridad de compra contra Emisiones de Gas de Efecto Invernadero per cápita, datos 2019.

Fuente: Cálculos propios con datos del Banco Mundial y Climate Watch.

Pero cuando se revisan las trayectorias de emisiones de gases de efecto invernadero desde 1980 hasta el 2018 en la región, se puede constatar  que todos los países las aumentaron y mantienen tendencia creciente, particularmente Guatemala que pasó de 13.30 toneladas métricas de CO2 equivalente (MTCO2e) a 35.40 MTCO2e y lidera en la región en términos de este indicador. En contraste, El Salvador apenas ha duplicado sus emisiones en este periodo de tiempo pasando de 6.65  MTCO2e a 13.00 MTCO2e. Mientras que Nicaragua pasó de 8.27 a 19.30 MTCO2e; Honduras de 8.47 a 17.90; Costa Rica de 6.35 a 17.80 MTCO2e; y Panamá de 6.95 a 16.50 MTCO2e desde 1980 al 2018. Así que nuestras actividades están cada vez más estrechamente relacionadas con emisiones de gases de efecto invernadero.

Ciertamente se podrá decir que lo que contribuyen nuestros países a nivel global tiene un impacto muy pequeño. Y es verdad, las toneladas métricas de CO2 equivalente que emite China al año es de 13000 MTCO2e, mil veces más que las de El Salvador. Es más, la India emite 2,980 MTCO2e prácticamente la misma cantidad que toda América Latina con 2,998 MTCO2e. Pero eso no significa que no seremos afectados por las decisiones de los grandes emisores; si algo se ha aprendido durante la crisis del COVID-19 es que el nivel de interconexión que tienen los países en todo el mundo es tan alto, que cuando surge un virus en China pueden dejar de venir los turistas a las playas centroamericanas.

Gráfica 2. Toneladas métricas de CO2 equivalente en países seleccionados.

Fuente: Cálculos propios con datos de Social Progress Imperative y Climate Watch.

Y en ese sentido, nos quedan dos líneas de acción, 1) trabajar en la construcción de resiliencia en la región para mitigar los impactos sociales y económicos de los fenómenos climáticos que vendrán en aumento en los próximos años; y 2)  implementar estrategias de descarbonización de nuestras economías, no pensando que vamos a salvar al mundo con ellas, si no que servirán para adaptarnos más rápidamente a los cambios tecnológicos, sociales, y económicos que el resto del mundo y nuestros principales socios comerciales y turísticos vayan a realizar. Al final, para la región la cuestión es sobre tomar la iniciativa y adaptarse teniendo control de los cambios; o ser un seguidor y sufrir una adaptación forzada con altos costos sociales y económicos porque nos tardamos en ver las tendencias y los cambios globales.

Jaime García Gómez, Director de Proyectos del Índice de Progreso Social del CLACDS/INCAE

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