Maurizio Bagatin
En fin, la cosa más interesante de la poesía es saber que seguimos preguntándonos ¿Qué es la poesía? Y poesía debe haber sido en algún momento, una época, la niñez, la juventud, todo lo rocambolesco de la vida.
“Se juega como se vive”, lo dijo alguien que vivió del futbol. Y el tiempo le dio la razón. Este juego de caballeros jugado por hooligans tal vez haya siempre reflejado una época. ¿A qué sirve un árbitro, el error humano, la emoción del momento fulgente, cuando queda solamente la patética espera de una mirada que nuevamente ofrecerá la interpretación al ser humano? Este futbol, este mundial de futbol lo recordaremos en muchos como el Mundial de la inteligencia artificial. ¡Vaya disparate! Heidegger, que fue también futbolista, habló de ciencia y de técnica, texto complejo este, como toda su obra. En el prólogo Francisco Soler confirma la complejidad y se detiene en el lenguaje, en su empobrecimiento, a su servil servicio a la informática y a la cibernética, en fin, al servicio de la máquina, propio del ente que destruyó la paciencia. La paciencia del ser. De ahí en nuestros días salieron solamente miedo, rabia y odio. Aristóteles lo había previsto todo.
Hace más de cuarenta años la poesía de Arthur Rimbaud acompañaba el concierto de Rolling Stones: “Oisive jeunesse/A tout asservie,/Par délicatesse/J’ai perdu ma vie”. Domingo de mar, sal pegada a la piel y desencanto de los diecisiete años. Nunca logramos ser serios. Hoy que miramos la historia y aun queriendo discutir, nos llegan como si fueran fusiladas demasiadas confirmas. En la noche Italia ganó la final a los teutones, nosotros seguíamos enojados con ellos, nuestro imaginario iba a la doble vida de Hitler, al azul de Prusia, a todas las culpas que hubo o que les achacábamos a Napoleón. En el tórrido verano de aquel 1982 la juventud era la inocente evasión de una época que dejaba a otra, de un mundo que iba a esperar a otro mundo. Sin realización. Las imágenes que dejaron aquellos días no son solamente arqueología. Van pasando frente a mis ojos como los momentos más felices de nuestra juventud.
É festa, canta el grupo Premiata Forneria Marconi, una mezcla entre la tarantela y la ópera, con diversos elementos de rock progresivo y momentos de hard rock. Estoy en Paucarpata, es fiesta. El Tata Santiago reúne a moros y a cristianos, en el sincretismo boliviano y con un hilo que va tejiendo el dolor y toda la historia del país. Illapa está en la fiesta, es después de San Isidro y del Tata Santiago que el primer surco arado verá agosto, la última semilla nativa entrará en la tierra y será otra vez fiesta. “Come sempre è la festa di chi è” (Como siempre, es la fiesta de quien es), Celebration, cantan los King Krimson. Se mezclan los recuerdos con el presente, fue el año 2018 que al volver de la fiesta en Paucarpata que nos equivocamos de camino y nos encontramos en Bellavista, yo, la Raquel el QK y Stajanov. El alcohol desinhibe y violenta cualquier estado de ánimo, nunca fuimos y nunca seremos “el lagarto” de Jim Morrison, escuchamos con nostalgia a Luzmilla Carpio, los khaluyos y la cueca, el rock progresivo de los años setenta, el teclado de Ray Manzarek que lleva el Rider on the storm al infinito: “En esta casa nacimos/En este mundo, fuimos arrojados”. Es fiesta.