Cortados con la misma tijera…

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Es verdaderamente desconsolador lo que pasa con nuestra querida Bolivia, yendo de tumbo en tumbo, en una historia de nunca acabar. ¿Dónde quedó aquello de que “la Biblia volvió a Palacio”? ¡Qué poco duró la arenga que despertara pasiones en las multitudes levantando el nombre de Dios, por parte de los políticos! Tristemente, en muy poco tiempo, varias cosas criticadas al anterior régimen se le reprochan igual, al actual.

Como si la convulsión interna que llevó a un abrupto cambio de gobierno el pasado año no hubiera sido suficiente para afectar severamente a la economía del país -al extremo que el crecimiento del PIB del 2019 fue el más bajo en casi veinte años- enfrentamos ahora un negativo escenario que podría superar lo sufrido en la época de la UDP.

La pandemia del coronavirus que azota al mundo, pese a que llegó y afectó severamente al nuestro, no impidió que -increíblemente- algunos la negaran (lo que no es pecado, sino ignorancia), o que los politiqueros quisieran sacar ventaja de tal situación, a costa de la vida misma (lo que sí es pecado por negligencia). A ello se sumaron nuevos hechos negativos, y otros están en curso para castigar aún más a este pobre país…¡aunque usted no lo crea!

A la inimaginable, impresentable y totalmente censurable oposición del Órgano Legislativo para autorizar créditos internacionales tramitados por el Órgano Ejecutivo en favor de la población, a fin de que solventen en algo su magra economía en medio de la crisis; por si aquello no fuera “suficientemente suficiente” -como diría Cantinflas- se agregó luego la inmisericorde y delictiva acción bloqueadora de la COB y otros que, velando por mezquinos intereses y cálculos políticos, hicieron perder a Bolivia 1.000 millones de dólares en doce días de paro, sin contar las decenas de muertes de inocentes bolivianos a los que estando enfermos del Covid-19 se les bloqueó la llegada del oxígeno que precisaban. Pero -claro- eso para los malos políticos es apenas un daño colateral; mientras no les pase a ellos o a sus familiares, está dentro del cálculo maquiavélico para hacer el mal.

Finalmente, el “cherry” sobre la torta: por si todo eso no fuera suficiente para dañar al país, un puñado de gente -nacionales y extranjeros- decidieron boicotear el desarrollo agropecuario de Bolivia interponiendo una Acción Popular para impedir el uso de semillas genéticamente modificadas que nos permita producir más y mejores alimentos de forma sostenible… ¿No parecen todos cortados con la misma tijera?

Gary Antonio Rodríguez A. es economista y Magíster en Comercio Internacional

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