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Un Estado que no cumple y una sociedad enferma

¿Nos interesa como Estado y sociedad la situación de los niños, niñas y adolescentes? ¿Qué estamos haciendo para evitar que cada día se registren entre 3 a 4 casos de violencia sexual hacia los niños en Bolivia, que tiene un frondoso paquete de leyes de protección hacia esta población? ¿Realmente importa o no que una niña sea violada y asesinada? ¿Nos duele, nos conmueve, nos moviliza cuando conocemos alguna noticia del tema?

Es de terror lo que está pasando en el mundo y en Bolivia con los derechos de los niños, niñas y adolescentes, que de acuerdo a las estadísticas oficiales de la Fiscalía General del Estado, cada año se producen violación de infante, niña, niño o adolescente más 1.750 y estupro más 1.400. Delicado y grave.

Lamentablemente el caso más dramático y que más cobertura mediática tuvo, con show incluido de los fiscales y policías, como el de la niña Yuvinka, violada y estrangulada, ha quedado en la impunidad y en el olvido, cuyos autor o responsables del delito están libres y sin recibir la sanción que se merece. Mientras la sociedad sigue en sus redes sociales informándose y divirtiéndose.

Pero es como una cultura establecida, como estructuras intocables que protegen a los demonios violadores, a quienes no les importa la fragilidad, inocencia y la belleza de las niñas, que se han convertido en presas fáciles y sin que la sociedad reaccione, más allá de su indignación en las redes sociales, pero que hasta ahí llega. Claro, algunos dicen si no es alguien cercano a mi, mejor lo miro de palco.

Lo que está ocurriendo en Estados Unidos con la difusión de los cuadernos secretos del caso Epstein, que han llenado las redes con videos y fotografías, en los cuales las niñas son objeto sexual de poderosos de la economía y de la política de ese país y de otros, que se soslayan al ver a niñas semidesnudas, maniatadas y haciéndoles el jueguito erótico a estos pedófilos, no ha generado a nivel mundial mayores reacciones no solo de rechazo sino de acciones, como el convocado a hacerlo es la UNICEF, cuyo mandato es velar y proteger a la niñez a través de los Estados.

O la impunidad del pedófilo Evo Morales que hace más de un año tiene ordenes de aprehensión por graves delitos sexuales cometidas a adolescentes, sin que la clase política, el gobiernos, las Ongs feministas se indignen y se movilicen para castigar a quien con todo el poder que tenía, le traían en bandeja a señoritas para sus apetitos sexuales.

De yapa un pastor, usando el nombre de Dios, ha sido denunciado por varios casos de violación a jóvenes, cuyo caso fue absuelto por una jueza. Pero aumentan las denuncias contra quien se parapetó en la religión para cometer ciertas fechorías.

Esta sociedad está en crisis, tiene enormes debilidades para evitar que las niñas sean violadas y las mujeres sean golpeadas. ¿Qué podemos esperar si en esta sociedad hay más de 20.000 locales de venta y consumo de alcohol?, dato que nos desnuda en muchos aspectos.

Esta realidad nos desnuda como Estado y como sociedad, nos pone en el banquillo de los acusados, nos lanza al abismo y nos da golpe mortales: un Estado que no cumple ni hace cumplir las frondosas y amplias leyes en materia de derechos humanos y de una lista larga de instituciones públicas y privadas, que anuncian que trabajan por la protección de la niñez y adolescencia; una sociedad que ya ve las agresiones hacia las mujeres y violaciones a niñas como algo pasajero y normal; un Estado que acumula hechos, sin avanzar en las sanciones; una sociedad que es cómplice indiferente ante una mujer golpeada y feminicidios, y niñas asesinadas, previa violación; un Estado que está comprometido con hombres violentos y con mujeres del poder que callan ante esa violencia; una sociedad que fomenta la cosificación y el lenguaje sexista teniendo en Santa Cruz más de 300 concursos de belleza y de modas, señal clara de morbo e hipocresía.

Un Estado que no activa todos los instrumentos que tiene a su disposición para sentar precedentes contra los pedófilos y una sociedad que está en profunda crisis, en la que una mujer golpeada, una niña asesinada será un número más.

Esta realidad debe llevar a repensar en los legisladores, fiscales, jueces, defensorías de la niñez, Defensor del Pueblo, organizaciones de derechos humanos si la actual legislación penal y procesal es suficiente para castigar a los demonios sexuales, que mandándolos a la cárcel, si servirá de algo o continuarán con el chip de violadores o habrá que plantear y debatir lo que el régimen comunista de China ya lo estableció en sus leyes:  El abuso sexual a niñas, niños y adolescentes será castigado con pena de muerte

Se merecen no solo la cárcel estos sujetos, pero el sistema judicial es parte del problema. Recuérdese que varias mamás le gritaron al juez Zeballos, dueño de las 32 maletas, «prevaricador, que te pudras en la cárcel», haciéndole recuerdo que él liberó a los agresores sexuales de sus hijas.

A debatir lo que China le da un claro mensaje al mundo. ¿Será suficiente la cárcel para estos demonios?

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