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Poema de Sisinia Anze

Vibra el Ocaso

Duerme sobre mi pecho, no te quedes despierto.
Que duerma el tiempo, y no así los sentidos.

La noche es como una historia,
donde tú te encuentras en cada capítulo,
quiero leerla entera, pasaje por pasaje,
en meticuloso y tangible escrutinio,
procurando tener la certeza,
de que ambos, tú y yo, la hemos escrito.
Y en verdad, aún la seguimos escribiendo,
párrafos de tactos y suspiros.

Vibra el ocaso, y es de promesas
imperiosas el himno.
Dormirse es morir un poco, y sordomudo,
extraviar la orografía y el sonido.
Quieren tocarte y sentirte mis dedos,
y oír tu silencio persuasivo.

No conoces mucho de mí; quiero sorprenderte
que recorras todos mis caminos,
los que nadie más conoce,
y los que nadie jamás ha visto.

Sabrás más de mí que ayer, pero mañana
mi cuerpo será un diccionario vivo,
especificando mis formas, mis temores,
cada frenesí, lamento, suspiro.

Tus ojos son fauces que devoran,
cada movimiento mío, violento, pero benigno.
No bajarás los párpados,
ni yo los bajaré, puesto que el diálogo es recíproco.

No, no debemos dormir. Debes aprenderme
de memoria hasta el último milímetro;
aprender de mi desnudez será un arduo estudio
que demandará preciso escrutinio.

Bajo tu piel

Muero por mirar el brillo de tus ojos,
y acercar a tus ojos los míos,
¡oh, cómo leería en ellos todo el sentimiento de la felicidad!
!Ah!, mi lejano amado a quien, día a día, ausente estrecho entre mis brazos, besando despacio, tierna, secretamente la piel, el difuso límite que de mí te separa.

Piel tensa, tibia, fuerte, fibrosa, invisiblemente cercana,
que tiene la contextura poderosa, el color, el aroma de suave canela.

Su mismo perfume parece gritarme: «Tuyo soy, heme aquí, entregado a ti
como una gota de rocío, un suspiro atrapado entre las curvas de tus labios”.

Pero no. Yo te beso, beso tu piel, firme, casi irreal bajo la humedad de mi boca, y te percibo a cientos de kilómetros, lejos, distante,
detrás la frontera de la lejanía.

Ebria de tu aroma, inalcanzables,
exhalaciones, deseosa de ti, aunque la distancia
momentáneamente te me niega.

Ausencia

Saltas de un recuerdo a otro en mi memoria. Ahí vas, paseándote por mis alegrías y también mis por tristezas. Dejas tu huella profunda y perfumada; duele y, a la vez, acaricia. Quiero retenerte en una burbuja, pero te escurres como se escurre de entre los dedos el agua. Siento un incendio en los hombros y mi corazón es un puñado de cenizas. En mi soledad te busco en las fotografías colgadas en la pared, en las cortinas empolvadas, y me pregunto si me piensas como te pienso, si me traes a tu mente como yo en la mía te retengo. ¿Me reconoces en el viento? ¿Me oyes en la corriente del río? ¿Cuando estás solo me invocas o te sientes como yo sin ti, vacío? Guardo tus besos en mis labios, arden como antorchas encendidas. Tengo sed de ti, te deseo y me odio cuando mis palabras te agravian y te lastimo sin darme cuenta. ¿Cuándo, dónde y qué hora me volverás a decir te amo? Es una necesidad, mi necesidad, porque mi universo se está cayendo pedazo a pedazo. Los planetas se arremolinan con estrepitosa velocidad y se pierden a lo lejos, son residuos en el espacio, al instante ni siquiera eso. Y tus ojos aparecen de repente como dos soles que recorren silenciosamente el firmamento, giran, cobran impulso y brillo, dan vueltas en el infinito de mis pupilas.

Hoy eres realidad

Te inventé muchas veces, te saqué de la bruma,
donde oscila insomne mi anhelada fantasía;
te di forma en mis estrofas, escribiéndote con mi pluma,
la silueta cabal que hoy me hace compañía.

Fuiste al comienzo un espejismo, una idea sin forma,
el esbozo de una pintura en blanco, un esquema;
fui añadiendo, propósito, vibraciones, sonrisas,
palabras, sensaciones, haciéndote poema.

Y hoy recitas en mis labios cada vez que te leo,
y al compás que te inventé me amas;
la llama que en tu centro estalla es mi anhelo,
y yo soy el gemido final que inexorablemente alcanzas.

Tu Luz

Me traes la luminosidad de un nuevo día
disolviendo las tinieblas y mis pesares,
y me ofreces una antología de cantares
para inundarme el alma de armonía.

He de gritarle a la noche que tú luz es mía,
que te he subido a mis altares,
a mi reino de jardines y olivares,
allí donde es eterna la fantasía.

Tu luz me apretará en abrazo estrecho,
fresca caricia casi imperceptible,
como el pétalo suave de la flor.

Y no podrás estar satisfecho
hasta que no resulte inextinguible
dentro de mí tu luz y tu calor.

Biografía

Sisinia Anze Terán, novelista boliviana, nació en la ciudad de Cochabamba, Bolivia. Hasta la fecha lleva 11 obras publicadas: El Abrigo Negro (2009), el Conjuro del Abrigo Negro (2014), La Clonación de Cristo (2010), Las Últimas Profecías (2012), Las Crónicas del Supay (2015), Auroras de Papel (2016), libro de cuento y poesía, Juana Azurduy – La Furia de la Pachamama (2017), su primera obra histórica, Insania (2018), libro de cuentos, La casona (2018), cuento, Ómicron (2019), antología personal de microficción, El Ático (2020), cuento. Ha participado en diferentes antologías nacionales e internacionales; entre las más importantes están la antología de Cuentos Extraordinarios de Bolivia de Adolfo Cáceres; antología de cuento Erótica de Ernesto Calisaya; antología de cuentos inspirados en la guerra del Chaco Sed y Sangre de Paul Tellería Antelo; antología 13 Cuentos de Misterio de editorial Don Bosco; Plesiosauro, primera revista de ficción breve peruana, Antología Iberoamericana de Micro Cuento de Homero Carvalho Oliva, Antología de Cuento del III Encuentro de Microficción FIL Santa Cruz de la Sierra (2019) , A puerta Cerrada (2020), antología de microficción de autor de Caro Fernández, Leo Mercado y José Manuel Ortiz Soto, publicado por Quarks Ediciones Digitales.

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