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No y Evo ¡hasta en la sopa!

La proliferación de manifestaciones en defensa del voto ciudadano del 21-F, bajo la consigna Bolivia dijo No, incomoda al Gobierno y a la dirigencia que lo sostiene. Tras su derrota, en una consulta por ellos propiciada, se descubre la marca de nacimiento de un proyecto autoritario antes arropado de un discurso inclusivo y democrático. “Hay que identificar y detener a todo el que grita: Bolivia dijo No”, sostuvo Franklin Flores, diputado oficialista de una circunscripción paceña, quien fuera dirigente de la Facultad de Derecho de la UMSA. Esa misma semana, en un Yungas distanciado del MAS, el presidente sostuvo que “si él fuera cocalero, sacaría a ‘chutazos’ (patadas, en español futbolero)” a los opositores que argumentan a favor del 21-F.

Estas destempladas arengas no sorprenden a los que escudriñamos la esencia jacobina del binomio gobernante; lo que sí lo hace, es la aparición de encapuchados escoltando, con palos a quienes insisten en la ilegal repostulación del imprescindible, y las advertencias policiales amenazantes recientemente desmentidas. Hechos que obligan a controlar los excesos de algunos activistas pro 21-F desubicados y a otros infiltrados dispuestos a provocar el desorden público, justificativo de una eventual arremetida represiva.

La lucha por los DDHH no será fácil. La defensa cerrada de Evo a Maduro y a Ortega, ícono de violencia y de un sandinismo desfigurado, así como la pretensión de erigirse en baluarte de una idea de revolución fallida, son señales perturbadoras.

La perturbación no es ajena al estado de ánimo del núcleo gobernante. Le indigesta la machacona arenga del Bolivia dijo No. ¡Vaya incongruencia! Al negar y desconocer olímpicamente los resultados vinculantes del 21-F, degradan y amenazan la noción de la democracia directa y del referéndum claves para el despliegue de la ‘democracia intercultural’ central en el accionar del Órgano Electoral. Somos muchos los que esperamos que el virus reeleccionario que se propaga encuentre un Órgano Electoral inmune a lo que el expresidente Mesa nombró hace días como ‘veneno del poder’.

El Bolivia dijo No está hasta en la sopa. No está vacío ni carente de soporte propositivo. Está cargado de futuro, potencia y significados imprescindibles para la convivencia democrática. Pero si de la exclamación ‘hasta en la sopa’ y de efectos indigestos se trata, valga referirse a la imagen de Evo impresa hasta en la envoltura de las papas fritas de la línea aérea bandera, no ajena a los dispositivos propagandísticos millonarios y goebbelianos que predican el culto a la personalidad de un autócrata de origen humilde, hoy tristemente embriagado de poder.


Erika Brockmann Quiroga es politóloga y fue parlamenteria
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