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Microrrelatos – Colección de literatura breve CCXXXIX

Café

Amalia Cordero – Cuba

¿Padre Ricardo, le agrego azúcar al café? 

 Hijo, si Dios lo hubiera querido dulce, no lo hace amargo.

Inquietud salvaje

Fabiola Morales Gasca – México

Los jaguares de mi habitación están muy inquietos; han salido de las húmedas paredes para saltar a mi libreta mientras escribo. Supongo que eso explica que en vez de letras sólo haya manchas negras.

Nostalgias

Estéfani Huiza Fernández – Bolivia

Compañero, esta mañana, pensando en usted, me puse a estudiar sobre la mecánica cuántica. Observé el movimiento de los astros, de las personas, de las cosas; entonces, en el ocaso, deduje que entre la luz del sol y la luz de la luna dista un pequeño espacio donde no existe el tiempo. Entre esa fugacidad habitas, es decir, cuando recuerdo que somos solo pequeñas partículas en la inmensidad del universo, vos te conviertes en mi todo.

La visita

Rodolfo Lobo Molas – Argentina

Llegó inesperadamente como otras veces y como otras veces le dije que se fuera, que no vuelva. Que aquí nadie la quiere ni yo tampoco, por más que me busque y me busque. Y si bien varias veces estuve a punto de irme con ella, al final -felizmente- no lo hice.  Guardó silencio y una vez más se fue, sabiendo que volvería a pesar de mi rechazo. Se fue despreocupadamente, casi sin dar importancia a mis palabras. Se puso la capucha, cerró su capa negra, tomó su azada y se perdió en la niebla del camino.

 Hogar

Patricia Dagatti – Argentina

Quien crea que la conjunción de verano y amor es exclusiva de la juventud, se equivoca. Nosotras, en nuestra condición de longevas, también disfrutamos de beber en manantiales de agua fresca, de saborear lenguas fogosas, y de renacer en cada encuentro veraniego. Además, en comparación, gozamos de una holgada ventaja. Debido a la experiencia acumulada y a una aguda percepción que nos indica la proximidad del fin, no tenemos reparo al momento de abandonarnos al placer, de entregarnos a las sublimes muertes amorosas. Por otra parte, tampoco tenemos pretensiones de exclusividad. Eso sí, jamás llevaríamos a cabo tales prácticas en nuestra morada. Somos mujeres pudorosas y, de ningún modo haríamos algo que pudiera incomodar a la directora.

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