Ajedrez
Armando Alanís – México
El ajedrez despierta al asesino que llevas dentro.
Intercambio
Virginia González Dorta – España
Rema sin parar, quiere llegar a la isla. Lo salpican las olas, el sol le come la piel, pero él sigue, sin tregua. En un instante, un pez volador cae en la barca. Raudo, le corta las alas y se las incrusta, no sin dolor. El pez coge los remos y él echa a volar.
Impotencia
Rubén García García – México
Mamá ya no quiere vivir; nada se puede hacer. Es como tener un puñal dentado en el corazón, que ya no entra, que ya no sale.
Enamorarse de pronto
Delfina Acosta – Paraguay
Era un desconocido. Por su tono de hablar, porque usaba gomina argentina en el cabello castaño oscuro, se sabía que había venido de muy lejos, de más allá de cualquier puerta o camino.
Visto de perfil, solo se alcanzaba a ver la copa de altura de su sombrero, su cigarrillo encendido, el puente prominente de su nariz aguileña y algunas volutas de humo. Bastaba mirarlo para sentir que el amor tocaba a la puerta y un beso buscaba con urgencia la boca.
Inamovible
Fabiola Morales Gasca – México
La sala es amplia. Hay café y galletas. Gente que llega, saluda y platica. La sala se llena, se vacía. Sobre el reloj que reina la gris pared, los minutos pasan rápido menos para el hombre de en medio. El tiempo ya es inamovible. Sobre su féretro, yace en una red suspendido en el tiempo