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Pronto será verano

Maurizio Bagatin

El reloj de arena sigue dictando su cantilena. Borges fue maldito algún dia, a la orilla de Buenos Aires y en su maravillosa escritura. En este torbellino del tiempo subyacen las escalofriantes noticias del tsunami de los seres humanos. ¿Cuál eternidad deseamos en este apocalipsis?

Pronto será verano, me lo comunican las palabras de mi hijo, él que nunca oyó los gusanos de seda en las noches de mayo y no apoyó un LP en el tocadiscos. Tal vez mañana sepa indicarme la luz de una luciérnaga, de esta magia que parece haber sobrevivido solo en las poesías que uno escribía a los veinte años. La poesía de junio la reservo al dialecto que fue mi lengua madre. Ahora los días son cada vez más largos e interminables y esta lluvia ayuda a la vid y al maiz, a este ciclo vital que correspondía al mundo campesino. Llueve en la tierra que me vio nacer, imagino la llanura que un dia fue “bosque primordial” y ahora defiende un capital que conserva poco de humano. Tierra gris y desmineralizada, solo medio siglo atrás de ahí explotaba esplendor y vida, ahora solamente algunos de estos recuerdos. Anoche viendo el film Le cittá di pianura (Las ciudades de la llanura) han pasado frente a mi treinta años de historia de mi tierra.

Aquí todo está como siempre, patas arriba diría Eduardo Galeano, unos veinte años de festín malgastado están cobrando factura.

Mejor tomar la bicicleta y detener la neurosis. La historia es la suma de todas las historias, igualmente andamos de viaje en viaje sin historia. Si Esparta llora, Atenas no ríe.

Caen las hojas del tajibo y el cielo gris envuelve el estado de animo otoñal. Leo los “cuentos millonarios” de Samanta Schweblin, el primero parece escrito en apnea, el segundo va delineándose como algunas novelas de Javier Marías; cuentos de un millón de euro que rompen con la “normalidad”. Pensaba en lo que “dicen que dijo” Borges sobre Cien años de soledad: “Cincuenta años hubieran sido suficientes”, y tal vez ni leyó la novela del Gabo. Ese tiempo quizás no filtró en aquel reloj de arena.

Pronto será verano en mi otra tierra, el maiz estará sacando sus espigas y alguien disfrutará del rojo de las amapolas en los sembradíos de trigo. Y llegará el calor infernal. Canícula que algunos días bordeará los cuarenta grados Celsius, con aquel silencio vespertino que se traduce en siesta. Desearía un dia estar entre el cielo y el mar del Salento o tocando las fieles nubes de las dolomitas, soñar el coral rojo en Torre del Greco y la nieve rosada de la cumbre alpina. Sumergir los pies en el Lago de Misurina y agarrar una habladora concha de una playa de Sciacca. El verano olvida y es indiferente a las otras estaciones, en algunos momentos parece soberbio y arrogante, no mira ni adelante ni atrás, se concede y cuando le da la gana se va, sin avisar, sin recordar. Engreído él, y nosotros esperándolo otras veces.

Maurizio Bagatin

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