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¡Cuánto éxito tiene la palabra «gay»!

Si hiciéramos un ranking de palabras buena onda, puede que gay figure entre los primeros puestos. Tiene solo tres letras, no fue españolizada, suena «a todo dar», [(gei) lo que le da cierto prestigio] y su breve espacio periodístico, ante las diez de homosexual, le garantiza un sitio preferente en los titulares sin problema.

Para empezar, no es una palabra inglesa; es occitana (una lengua romance del sur de Francia) y se escribía gai, que –desde antaño– era una expresión cotidiana para referirse a la alegría, al gozo. En castellano, hacia 1400, ya se pronunciaba y se escribía «gayo» (derivada también del occitano gai) con el significado de alegrevistoso.

No debemos relacionar gay con la Gaya ciencia. Esta, según Demetrio Estébanez Calderón, consistía en «“el arte de trovar”, que se desarrolla en la Corte de Castilla durante el siglo XV», lo que dio a luz a la poesía cortesana.

Volviendo a la palabra gayo, y pese a vivir en el diccionario gordo de la Real Academia Española, ya no se la menciona y muchos no tienen idea de su existencia como tampoco de su significado. Esta vecindad fonética y casi semántica nos puede llevar al error si relacionamos a gayo con homosexual.

Gayo significa alegrevistoso. Se trata de una «voz galorromance, de procedencia probablemente occitana (gai, jai, “alegre”), que desde ahí se extendió al francés, al castellano y a otros idiomas», nos cuenta Joan Coromines, en su Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico.

El diccionario de la RAE tiene una segunda acepción para gayo y su correspondiente femenino: «Ave del orden de las paseriformes, de la familia de los córvidos, con plumaje pardo moteado de azul, de blanco y de negro».

Gay y su historia

En el siglo XII, luego de encallar en la costa este de lo que hoy llamamos Gran Bretaña, la palabra occitana gai (con su mismo significado vistosoalegre) se transformó en gay.

En 1890, en Estados Unidos, gay adquirió un matiz general de la promiscuidad. Ello se debía a que en 1630 ya sugería cierta inmoralidad.

En el argot inglés, gay significa «homosexual» y comenzó a aparecer por escrito en estudios sicológicos, a finales de 1940.

Gay dejó de ser una palabra oscura y formó parte de los diccionarios Oxford y Collins, con el sentido de aquel «hombre que muestra inclinación erótico-afectiva a individuos de su mismo sexo».

Pero en 1969, la palabra gay salió del clóset y sin miedo. Su suerte cambió su propio destino y el de miles de personas. A la 1:20, del sábado 28 de junio de 1969, cuatro policías vestidos de civil y dos oficiales en uniforme de patrulla irrumpieron en el pub Stonewall Inn, del barrio neoyorquino de Greenwich Village. Apagaron la música y encendieron las luces principales. Había como 200 personas. Se sembró el pánico, en algunos, y el nerviosismo en otros.

Un grupo de gente curiosa se aglomeró frente al bar. Adentro, el abuso y la resistencia no tardaron en gritar.

Y cuando la gente de afuera lo escuchó, se abalanzó contra los policías. Estalló, entonces, la gresca. Así, Stonewall y los gais reescribieron la historia de esta inclinación sexual que hoy se ha convertido en un movimiento mundial.

Con este acto violento, el uso de la palabra gay salió de las cortinas de lo prohibido con mucho orgullo a los periódicos de Estados Unidos. Aquel grupo de jóvenes eran –en su mayoría– hijos de esos hombres que fueron a II Guerra Mundial, y querían otro mundo y se expresaron en ese sentido. Aún resplandecía el «Mayo del 68», aquella oportunidad histórica en Francia, donde la juventud le gritó al autoritarismo: «prohibido prohibir».

Así, gay adquirió un valor social, digno de reconocimiento y ahora merece un sitio en la toma de decisiones del poder. Este hecho motivó a que esa influencia triunfe ante palabras como «sodomita», «homosexual» y ante insultos como «marica», «maricón» y «afeminado».

En el ámbito homosexual de Iberoamérica, triunfó la palabra gay como una señal de identidad. Triunfó su peso abrumador en los medios de difusión, influidos por el inglés: ya por su comodidad, por rapidez o por su sonoridad. Estamos en tiempos en que la rapidez parece ser la única respuesta a la vida, cuyo segundero nos lo marca el idioma inglés.

Por estas razones, en nuestro ranking de palabras buena ondagay está entre los primeros puestos. ¡Se lo ha ganado!


Poeta, escritor, periodista y editor de textos

 

 

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