Inteligencia necrológica
Ildiko Nassr – Argentina
Una lápida con su nombre podría engañar a la muerte.
Juguete de nadie
Armando Alanís – México
—No soy juguete de nadie —dijo ella, segundos antes de que se le acabara la cuerda.
Espejo
Adriana Azucena Rodríguez – México
Mi belleza interior no es la que solía ser; duerme poco y ya no tiene veinte años: unas cuantas arruguitas de frustración en los bordes de la alegría, manchitas de envidia acá y allá, un poco de flacidez en los ánimos y algunas estrías en la serenidad.
Reencuentro
Estéfani Huiza Fernández – Bolivia
En una ciudad que todavía no tiene nombre, ella podía moldear la mente humana. Trasladarte desde ahí, donde estás, hasta aquí, donde estoy. Sabía cómo funcionan los sentimientos: decía que se parecen a la música, siguen un ritmo, como una canción de Chopin, pero terminan al son de un vals de Haendel. Me dijo que ya no escribes para encontrarte, que pierdes tu tiempo mirando afuera, cuando las respuestas están adentro. Pero si crees en el poder de la magia, en las brujas o en las hadas, busca en las palabras, en las letras, en los números. Y como un hechizo, te encontrarás, te encontraré, nos reencontraremos.
Doble caldo
Rubén García García – México
Estoy en mi velorio, oculto entre los arreglos florales. Veo a mis deudos; mi esposa no se encuentra entre ellos. Camino por los pasillos de la vetusta casa. De improviso, de la pared emergen unas manos que me ahorcan. Desesperado intento romper el abrazo. Al rodear sus nudillos reconozco la protuberancia del anillo; y es el mismo que le regalé una noche antes de que la sepultara con su amante.