Blog Post

News > Lupe Cajías > La enseñanza de la historia

La enseñanza de la historia

            “Los bolivianos no son históricos; son existencialistas” repetía Líber Forti, el asesor cultural de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia. Los actores de importantes hechos descuidaban sus archivos, los documentos, sin contar la destrucción por la represión. Eso sí, la memoria oral estaba presente; los más viejos transmitían sus experiencias.

            La dedicación de Sinforoso Cabrera (Quime 1923-La Paz 2003) salvó muchas páginas sobre las minas. El investigador Gonzalo Delgado lo considera un pionero de la organización de archivos particulares accesibles para la investigación histórica. El propio Cabrera era un ejemplo de formación autodidacta, de obrero a escritor y dirigente sindical, autor de la “Propuesta Económica de la FSTMB” en 1956 en contraste al plan económico oficial, como parte del Control Obrero en la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL).

            Roberto Durette, Gregorio Iriarte y el equipo de prensa de Radio Pío XII de Siglo XX acompañaron como testigos diferentes sucesos y guardaron celosamente las grabaciones de las asambleas mineras, de las entrevistas, de los discursos. Son fuente imprescindible para escribir sobre la principal actividad económica de Bolivia.

            Sin embargo, los propios trabajadores no conocen su historia. Los maestros enseñan en los colegios esa materia aburrida de fechas cívicas. Existen poquísimos textos escolares para la difusión de hechos y de ideas que impulsen la actitud reflexiva y crítica del alumnado.

            Hace poco, la televisión estatal auspició una serie sobre el Bicentenario bajo la dirección de Jorge Sanjinés. La mayoría de los episodios luce bella fotografía, reúne a buenos actores, recrea batallas como pocas veces en nuestro registro cinematográfico. Los guiones han sido adaptados para el gusto pachamamista, estilo año nuevo aymara, frases, banderas, etc.. En la época de la independencia aparecen categorías inventadas el 2005. En la huelga de hambre de 1978 un ignorante presenta al diario católico Presencia como aliado de Hugo Banzer. Mucha propaganda peligrosa. El tata Belzu ocupa más espacio que otros presidentes letrados por ser cholo no porque aportó a la modernización de Bolivia. (No recomiendo su difusión).

            En el otro extremo, escuchamos entrevistas, podcast, WhatsApp de personas que tergiversan datos para fortalecer su discurso prefabricado. Repetidos mensajes son contra La Paz, contra Juan Manuel Pando por su (supuesta) traición al federalismo, contra el centralismo. Confunden ideas sin aprender siquiera qué fue La Paz antes, durante y después de la colonia y por qué es tan fuerte desde siempre y por siempre.

            En los últimos meses hubo una arremetida contra la creación y el desarrollo del departamento del Beni, al punto que dijeron que José Ballivián lo fundó en 1842 para molestar a los cruceños (y no para integrar la región amazónica del país). Autores y entidades benianas han respondido con detalles qué une y qué diferencia a su territorio del resto del país y del Oriente.

            Son solo ejemplos para ilustrar la falta de carreras y de facultades de historia en Bolivia (también de literatura). Los universitarios, los intelectuales, los dirigentes y los políticos carecen de información y formación suficiente. Por eso fantasean con esa frase hecha: “por primera vez …” aunque Clío demuestre lo contrario.

            La Carrera de Historia más antigua del país es la de la Universidad Mayor de San Andrés con extraordinarios resultados en investigación de fuentes primarias, publicaciones, seminarios, debates. Son profesionales dedicados íntegramente a ese trabajo. Ahí se formaron pensadores aymaras que unieron narraciones orales de sus antepasados con búsquedas documentales. Desde esas aulas se escribe sobre sucesos o personajes de todo el país. Ahí se alentó, por ejemplo, desde el principio, la enseñanza y los homenajes a Gabriel René Moreno, aunque el prólogo de una reciente lujosa edición de su obra ni siquiera repase esa bibliografía priorizando una mirada bizca.

            Medio siglo después, existen carreras de Historia en Sucre y en El Alto. Ni universidades públicas ni privadas gradúan a historiadores en el resto del país, salvo diplomados o maestrías específicas. Autores de una biografía interesante o de una batalla admiten que escriben por afición porque la historia como profesión “no da para vivir”.            

 Se escuchan lamentos sobre la falta de conocimiento de la historia de tal o cual pueblo, pero no se gestiona la apertura de carreras de historia. Muchas historias regionales se publican como aporte de extranjeros “bolivianistas” como tesis, libros, artículos.

            En Colombia, existen carreras de historia en las principales ciudades del país, la mayoría en universidades privadas (casi 20), posgrados con diferentes intensidades. Las universidades más importantes de Bogotá y de Medellín gradúan permanentemente a nuevas generaciones. Argentina, Chile, Perú tienen facultades de humanidades en las universidades públicas y privadas más prestigiosas para graduar a nivel licenciatura y doctorados a historiadores. Las sociedades de historiadores están presididas por profesionales y no por aficionados.

            La historia permite entender mejor a un territorio, sus habitantes, su cultura, su desarrollo. La memoria aporta a dimensionar mejor los sucesos contemporáneos y a enfrentar las narrativas interesadas.

error

Te gusta lo que ves?, suscribete a nuestras redes para mantenerte siempre informado

YouTube
Instagram
WhatsApp
Verificado por MonsterInsights