Maurizio Bagatin
Aterrizando al aeropuerto de Lagos lo más impactante es el rojo de la tierra y el reflejo del sol sobre las calaminas que hacen de techo a las improvisadas casuchas que delimitan con el caótico campo de aviación; todos estos colores van plasmando en nuestros iris un choque caleidoscópico. Es el África. Siempre ha sido así y siempre lo será.
En un “cuaderno nigeriano”, Black Tulips, Vitaliano Trevisan recuerda cuanto decía de Nigeria Chinua Achebe: “Solo un masoquista con un exuberante gusto para la autoflagelación escogería Nigeria para una vacación”. Hace más de treinta años atrás, en este inmenso aeropuerto de esta inmensa ciudad estuve el tiempo para ver cuan monstruosa puede resultar ser Nigeria. Un frenesí que no encuentra descanso. Salimos con un vuelo hacia Yaundé y de Nigeria me acuerdo ahora al leer un reportaje muy bien escrito. África queda en mí en un imaginario que responde al oírla, al nombrarla, al recordar nuestro origen.
En el norte de Nigeria, donde los funcionarios más fanáticos de la sharía van quemando libros en plazas públicas, existen mujeres que se dedican a escribir novelas eróticas. Habrá sido este “agujón de los placeres” que es la imaginación que ha hecho que sean mujeres las escritoras y las lectoras de este género literario. Ahí Nym-phomaniac king (El rey ninfómano) es el bestseller de la escritora Fauziyya Tasiu Umar y que se publica en un grupo de WhatsApp de puras mujeres. Al costo de 30 centavos de dólar cada capitulo y al avisar que iba a terminar, las mismas mujeres, haciendo subir el costo a 90 centavos de dólar, pedían se siguiera publicándolo. Una infinidad de emoji invadieron el grupo de WhatsApp, todos atribuidos a la pregunta que quedaba aún sin respuesta en el último capítulo de la novela: “¿Os habéis quedado todas impresionadas por el gran bastón de Su Majestad?”. Muchas de estas mujeres escritoras ocultan el nombre para no ser perseguidas, principalmente por sus familias y aún peor por la policía religiosa, la hisbah. Fauziyya Tasiu Umar no le tiene miedo y sigue publicando sus novelas eróticas en el idioma local, el hausa. Umar escribe también otros géneros literarios, pero es consciente que la novela erótica es la que mas atrae y la que más vende.
Hay una Filosofía en el tocador también en esta tierra, en la Nigeria de Wole Soyinka, de Chinua Achebe y de Cyprian Ekwensi. Hay máscaras igbo que prologan la existencia en esta tierra y otras máscaras, las hausa-fulani, que recuerdan el origen bantú de toda la África negra. Quizás si Fauziyya Tasiu Umar habrá leído al Marques de Sade; no le teme a la moral islámica. La literatura erótica para ella es liberadora y escribe para liberar también a otras mujeres. Umar sigue publicando sus novelas eróticas en sus grupos de WhatsApp y en el sito de narrativa Wattpad, hay quien paga por adelantado y hay quien publicita los productos que comercializa: ropa interior, afrodisíacos y utensilios de cocina. El erotismo es parte del fetichismo de la mercancía.
Otra novela muy popular de Umar es Gidan uncle (La casa del tío), novela que trata sobre los abusos sexuales y sobre hombres que desean a mujeres ricas. Umar dice que para esta novela se inspiró después de escuchar y luego participar en una acalorada discusión en la peluquería. Ahí se traman las revoluciones a los tabú que el fundamentalismo obliga ocultar. Cuando Michel Houellebecq publicó Sumisión, fueron las mujeres las primeras en conseguirlo y a leerlo. El párrafo que describe el mundo de las mujeres musulmanas fue de inspiración: “Vestidas durante el día con impenetrables burkas negros, por la noche las saudíes adineradas se transformaban en aves del paraíso, se ataviaban con corsés, sujetadores transparentes y tangas adornadas con encajes policromados y gemas; exactamente lo contrario que las occidentales…”.
Recuerda a Jagua Nana, la femme fatale africana, a Rosa Parks y a las novelas de Toni Morrison, sonríe al leer los comentarios que algunas mujeres le escriben al WhatsApp. Ya está preparando su próxima novela, tal vez se acuerde de aquella lectura del Marqués de Sade.