El chiste como rebelión

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El chiste político constituye uno de los objetos de estudio más llamativos e interesantes, no sólo por representar una de las formas del discurso social que más fácilmente se desplaza en diferentes contextos y clases sociales, sino también por los usos que se hace del humor como una forma de crítica hacia el orden establecido; el chiste es un recurso que la sociedad civil puede utilizar para condenar al poder y sus prácticas políticas abusivas, convirtiéndose en un instrumento de deslegitimación para develar lo que se esconde por detrás de la fachada que asumen los políticos y los guardianes del culto a lo definitivo y a las evidencias tradicionales reconocidas.

 El chiste es un tipo de subversión. Morirse a carcajadas, mofándose de los supuestamente poderosos es algo reconfortante porque es un escupitajo en el ojo de la lógica maquiavélica.

 El humor y las expresiones grotescas abundan en las redes sociales a través de los llamados memes. Su finalidad no es otra que la subversión de la palabra y las imágenes, ligada al placer de reírse libremente sin sentirse culpable. El humor es capaz de crear distintos espacios verbales para la rebelión ante el autoritarismo y la risa es una oportunidad para el escepticismo.

 Resulta hermoso escuchar o presenciar espectáculos donde las más altas autoridades del país son puestas en ridículo con chistes criollos, nacidos en las calles y posteriormente refinados para un show en Facebook. 

Los chistes tienen una difusión inimaginable y por eso nunca serán acallados por el totalitarismo. Si el espectáculo tiene periodicidad, entonces los chistes son cada vez mejor trabajados y las producciones de humor hacen reír sin parar y se ríen de aquello que perturba a nuestra sociedad, neutralizando así los efectos perversos de la política y de ciertas situaciones de la vida cotidiana, pues el chiste reduce la importancia de los hechos colocándolos en un plano prosaico.

 Nuestra sociedad está expuesta a una gran influencia de la política porque las decisiones que se producen al interior de ésta tienen un impacto directo en el orden económico, social y cultural. La reacción del ciudadano frente al poder da lugar a una confrontación desigual, pues mientras los políticos controlan los instrumentos político-jurídicos (los recursos del poder), incluida la capacidad para definir lo que es aceptable o tolerable imponiendo su propio proyecto, los ciudadanos sólo tienen al humor para defenderse de las injusticias de la política ridiculizando a los poderosos y, además, poniendo en duda todo lo que se considera evidente.

 El humor político es un verdadero instrumento para enviar mensajes al falso liderazgo sobre cuestiones molestas a través de la parodia. Es aquí donde radica la fuerza de los espacios públicos abiertos por el chiste, pues se constata que la sociedad va creando sus propios medios para enviar mensajes, sobre todo aquellos que buscan denunciar cómo el poder hiere a la ciudadanía en desmedro de la democracia. El chiste se revela como una mordedura crítica, pues desmiente el doble discurso poniendo en evidencia la banalidad de los liderazgos y los grandes modelos políticos.

 La ciudadanía siempre critica a los líderes políticos y a los partidos. Esto es así porque el sistema político todavía no ha logrado desarrollar canales efectivos de comunicación con la sociedad; sin embargo, ¿puede considerarse al chiste y humor políticos como alternativa de comunicación y análisis de la democracia? Así es, el poder y sus titulares se encuentran inermes ante la arremetida de la mofa, de la crítica que asume los ropajes de un bufón, personaje despreciable y degradante para muchos, pero que también se convierte en la presencia de aquel antihéroe que manifiesta un nuevo tipo de actitud política vigilante.

 Mediante el análisis de las tomaduras de pelo en varios programas y tiras cómicas, podemos encontrar los rasgos de una asimetría entre la sociedad civil y el sistema político, asimetría que se expresa en los intentos fallidos del sistema político para alcanzar legitimidad en la sociedad y en la producción incesante de demandas sociales que no encuentran respuestas de parte del poder. A través del humor político, toda indignación con las actuales formas de hacer política puede convertirse en escepticismo político. 

El chiste es una efectiva expresión del escepticismo que representa a una actitud y voluntad políticas que demanda cambios sociales, iluminando el desencanto con la democracia y la crítica necesaria contra el actual estado de cosas. Por medio de una sonrisa en el rostro, la burla como subversión contra el poder se hace efectiva y fundamental.

Franco Gamboa Rocabado es sociólogo.