(Des)Conceptualización del racismo: exégesis del derecho positivo

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El mundo, especialmente aquel en el que predominan las tendencias de los intelectuales progres, no ha podido desasirse de aquello que, con indiscutible influencia del socialismo del siglo XXI y que no merece calificativo más que de político y en consecuencia parcializado, tiene respecto al racismo. Pero ¿quién que tenga dos dedos de frente podría negar su presencia en las sociedades partidas por el odio ya indisimulable de quienes han conducido a sus pueblos, además, a un populismo criminal a cambio de una aceptación general que, como en todos los tiempos, es cíclica? La vigencia eterna de cualquier ideología en Bolivia, como en el resto del planeta, no pasa de ser un deseo para quienes son de derecha o de izquierda.

Y para ellos, el empalagoso argumento de que cuando se habla de racismo hablamos de la discriminación peyorativa del que tiene piel blanca hacia el indio únicamente, no tiene en realidad ningún pilar que pueda sostener una teoría tan atentatoria a los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDDHH).  Es decir, la igualdad de todos los seres humanos consagrada en el Art. 1 de ese instrumento concordante con el Art. 22 de la Constitución Política del Estado que garantiza la libertad y la dignidad de todas las personas.

Luego ¿por qué razón los calificativos que degradan el honor y mancillan la dignidad de los “blancos” o de los “mestizos” por parte de los indígenas no tendrían que estar considerados como actos discriminatorios o racistas? Por fortuna, la ley 045, cuya fuente es precisamente la DUDDHH, define la discriminación racial como “toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza o por el color, ascendencia u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar, directa o indirectamente, el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades (…)”

Y seguidamente, define al racismo como “toda teoría tendente a la valoración de unas diferencias biológicas y/o culturales, reales o imaginarias en provecho de un grupo y en perjuicio del otro, con el fin de justificar una agresión y un sistema de dominación que presume la superioridad de un grupo sobre otro”.

Así de clara es la legislación (que por supuesto no se cumple) que el país tiene para definir jurídicamente lo que es el racismo. Y con esos presupuestos, cualquiera tiene el derecho humano de pensar lo que quiera en esta materia, pero pretender dogmatizar un razonamiento tan cavernario como el que sostiene que solo los indios o los afrodescendientes pueden ser víctimas de racismo, es tan falso como un billete de quince bolivianos. En consecuencia, es solo una opinión. Mis detractores pensarán que las que se exponen en estas líneas, también lo son. Empero, quienes opinan en aquel sentido, porque no puede ser más que un ensayo que como cualquier otro es rebatible, lo hacen desde la perspectiva de su ubicación en el espectro ideológico, o, peor aún, desde una mirada de odio hacia el Conquistador.

Este país es indudablemente racista, pero el racismo es un tipo penal cuyo ámbito de aplicación es para todos, como lo es el homicidio o el robo, en los que no hay penas distintas para unos y otros. Así, son repugnantes las muestras discriminatorias y humillantes que hace un buen tiempo dos mujeres cruceñas tuvieron en un microbús y en la Universidad estatal de esa ciudad con dos mujeres de este lado del occidente. Inaceptables y vergonzosas. Pero no puede ser menos condenable que el periodista Pablo Fernández haya recibido el trato hostil y amparado en su origen étnico, por parte de personas de extracción indígena a su llegada al Aeropuerto de El Alto. Racismo en su más repugnante expresión también es que Evo Morales y García Linera en muchas oportunidades hayan emprendido agresiones verbales contra los “k’haras”, como si estos no tuvieran los derechos que la Constitución y la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación estatuyen.

Los indígenas, los descendientes de españoles, los mestizos, todos por prescripción legal y por derecho natural, tienen los mismos derechos. Basta también de discriminación expresada en teorías sociológicas al margen de la ley.

Augusto Vera Riveros es jurista y escritor