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Cuba II

El plan Trump según Joe García

Carlos Decker-Molina

Florida es, sin duda, la capital del exilio cubano. La política hacia Cuba constituye un pulso emocional permanente donde la realidad se entremezcla con los anhelos, la historia con la memoria y la política con las ilusiones de varias generaciones de exiliados. Algunos consultan a los Babalaos que también hay en Florida.

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, los cubanos han observado con inquietud una serie de medidas contradictorias. Por un lado, las expulsiones de compatriotas, el cierre de medios considerados procubanos y la suspensión de diversas ayudas; por otro, una política de presión máxima contra La Habana que algunos califican de cuasi bélica.

El endurecimiento de las sanciones y las restricciones a los flujos económicos afectan no solo al régimen cubano, sino también a millones de ciudadanos que sobreviven gracias a las remesas enviadas por sus familiares desde Florida. Esa realidad sigue dividiendo al exilio cubano.

La fuente principal de este artículo es Joe García, excongresista demócrata de origen cubano, quien en una entrevista concedida al Palm Beach Post afirmó:

“Hay mucho ruido que tiene que ver con las elecciones y las posturas, y que proviene de personas que no están e n la mesa de negociaciones”.

Añadió luego:

“Lo que realmente importa es lo que se discute fuera de cámara”.

Entre los temas que menciona destaca uno particularmente delicado: la eventual deportación de cientos de miles de cubanos que actualmente residen en Estados Unidos bajo distintos mecanismos migratorios.

Existen versiones no confirmadas que sostienen que este asunto habría sido planteado en contactos reservados entre Washington y La Habana. Sin embargo, en el universo de la diáspora cubana una cosa es lo que se sabe y otra muy distinta lo que se especula. La falta de información oficial alimenta inevitablemente los rumores.

Lo cierto es que el contexto actual continúa siendo el de una fuerte presión de Washington sobre La Habana.

Antecedentes

La crisis económica cubana se ha agravado en los últimos años debido a la disminución de los suministros energéticos procedentes de Venezuela y al endurecimiento de las sanciones estadounidenses.

La isla enfrenta una situación crítica marcada por la escasez de alimentos, combustible, electricidad y medicamentos.

Trump cuenta además con un aliado clave en esta estrategia: Marco Rubio, secretario de Estado e hijo de inmigrantes cubanos. Rubio ha construido gran parte de su carrera política alrededor de la cuestión cubana y aspira a desempeñar un papel central en cualquier eventual transformación política de la isla.

Desde el inicio de la nueva administración, el objetivo declarado ha sido aumentar la presión sobre el gobierno cubano. Sin embargo, dentro de Washington existen diferencias sobre los métodos y los tiempos necesarios para alcanzar ese objetivo.

Algunos observadores cercanos a Rubio sostienen que la estructura actual del poder cubano es mucho más compleja que durante los años de Fidel y Raúl Castro. Ya no se trataría de una pirámide vertical, sino de varios círculos de poder superpuestos: el político, el militar y el burocrático-administrativo, algo muy similar al sistema autocrático iraní.

Esa complejidad dificulta cualquier estrategia de transición rápida.

La negociación

Joe García, quien asegura mantener contactos con funcionarios de ambos países, sostiene que en las conversaciones informales existiría una agenda compuesta por ocho grandes puntos:

  1. Repatriación de ciudadanos cubanos residentes en Estados Unidos.
  2. Liberación de más de mil presos políticos.
  3. Reformas económicas amplias.
  4. Compensación por propiedades expropiadas después de 1959.
  5. Reformas políticas graduales.
  6. Levantamiento progresivo del embargo.
  7. Readmisión de Cuba en organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el FMI.
  8. Otorgamiento del estatus de Nación Más Favorecida para efectos comerciales.

El punto más explosivo: la repatriación

La eventual repatriación de hasta 500.000 cubanos incluiría a personas acogidas al programa de parole humanitario impulsado por la administración Biden y a otros grupos migratorios cuya situación legal se encuentra en revisión.

Según las versiones que circulan en Washington, cualquier proceso de retorno sería gradual y se extendería durante varios años, dado que Cuba difícilmente podría absorber de manera inmediata una cifra tan elevada de repatriados.

García considera que este punto es “quizás el más difícil” de toda la negociación y advierte que también podría resultar contraproducente para Florida.

La apertura económica

Uno de los aspectos más interesantes sería una posible apertura del sector privado cubano a la inversión de cubanoamericanos.

De concretarse, los exiliados podrían invertir, asociarse e incluso poseer negocios en la isla. Sería la apertura económica más importante desde las nacionalizaciones masivas de comienzos de la década de 1960.

Algunas propuestas también contemplan que los cubanos repatriados que respeten las leyes, paguen impuestos y no tengan antecedentes delictivos puedan posteriormente acceder a visas para visitar Estados Unidos.

Una salida negociada

Diversas fuentes sostienen que Washington estudia fórmulas para facilitar una transición política ordenada en Cuba.

Entre las hipótesis que circulan figura la posibilidad de ofrecer garantías a determinados sectores del actual establishment cubano para facilitar acuerdos relacionados con inversiones, infraestructura energética, puertos y comercio internacional.

Sin embargo, ninguna de estas versiones ha sido confirmada oficialmente por ninguno de los dos actores principales.

El estado actual de las conversaciones

Trump declaró recientemente en Miami que Cuba desea negociar y que existen contactos abiertos entre ambas partes.

No obstante, el propio Marco Rubio ha reconocido que los avances son limitados y que persisten profundas diferencias entre Washington y La Habana.

La conclusión más prudente es que los canales de comunicación siguen abiertos, pero que todavía no existe evidencia pública suficiente para afirmar que un acuerdo esté próximo.

Lo que falta verificar

La ausencia de información oficial impide confirmar varios elementos que circulan en medios, redes sociales y círculos políticos del exilio.

Por ejemplo, no existen pruebas verificables de que un eventual acuerdo incluya fondos especiales para que los repatriados inicien actividades económicas privadas o programas masivos de reconstrucción de la infraestructura hospitalaria y energética cubana.

Sin embargo, la lógica política y económica sugiere que cualquier plan de repatriación de gran escala requeriría algún tipo de apoyo financiero e inversión externa. Sin incentivos económicos y sin mejoras sustanciales en los servicios básicos, resultaría difícil imaginar que Cuba pueda absorber una llegada masiva de retornados.

Por ahora, el llamado “plan Trump para Cuba” sigue moviéndose en una zona gris donde conviven hechos comprobados, negociaciones discretas y una considerable dosis de especulación.

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