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Tributo a los libros en tiempos de bloqueos y gasolina basura

Hernán Cabrera M.

Y para liberarnos de tantas cadenas que tenemos, que no nos permiten ser lo que realmente queremos ser y expresar nuestra indignación, pues sigamos los pasos que nos señala el escritor alemán, Heinrich Heine: “Soy mi propio patrón y no dependo de nadie; me siento orgulloso firme y elevado y veo a los hombres que pasan allá abajo tan pequeños, tan enanos que me resultaron un placer observarlos”.

Uno de esos caminos en estos tiempos de bloqueos, marchas, cabildos, gasolina basura, ajustes de cuentas, te propongo que tengas un libro de compañero, un libro de novelas, cuentos, poesías, filosofía, ciencia ficción, ensayos políticos y algo de historia. Dedica algunas horas a la lectura, no solo estés encasillado en el celular a la espera de la última noticia, del último asesinato o del último escándalo. Mejor dedica un poco de tu tiempo a aprender cada día de esos grandes escritores, filósofos, científicos y artistas que hace 40, 100, 500 o más años nos enseñaron el camino a seguir. Alimentarnos de retos que nos lanzan y desconectarnos por algunas horas. Permite que estos días intensos, violentos y calientes de devoren los libros y verás que te sentirás muy bien, pero muy bien.

Hacer la disidencia del filósofo francés, Eric Sadin, es uno que te quedará como anillo al dedo, no lanzan desafíos: revitalizar la democracia, autoconstitución de nosotros mismos, renovación democrática, una sociedad crítica trabajar para no ser engañados, efectuar una separación rigurosa entre la verdad, lo erróneo y abusivo; hacernos más activos y vivir una vida plena; comprometernos en una imperativa y saludable política de nosotros mismos, ¡ciudadanos al poder!.

Jack Kerouac, escritor norteamericano, nos decía que él siempre tenía lista la maleta para partir, para viajar en cualquier momento y esa maleta la debe tener usted mi amable lector, para cualquier ocasión, como para afrontar las actuales circunstancias y no sumirte en la desesperación, la angustia, el miedo o la ira.

Pero sigamos. Cuenta la ficción o la realidad de un amigo que su vida se la pasó de libro en libro. Encontraba en sus libros suficientes razones para no cerrar los ojos, para no dejarse vencer por el sueño y lo que es más grave aún por el sueño eterno. Se aferraba a cada uno de los libros de su biblioteca, se encomendaba a ellos para no desaparecer y que en cada libro emergiera las razones para seguir vivo, para vivir leyendo.

Era consciente de la realidad, de la cruda realidad y sus contradicciones. Pero qué podía hacer si no era autoridad alguna o personaje importante o influencers para lograr influir de alguna manera, pues se concentraba en lo que cada ser humano debe ser en su mundo, en su particularidad y singularidad sin creerse Batman, Superman o Harry Potter: ser justo, honesto, decente y no hacer mal a nadie. Por ello se cobijaba en sus libros, en su biblioteca para luego irradiar hacia el mundo, gracias a las redes sociales sus impulsos y opiniones que las ejercía con libertad y esperanzas.

Cual animal hambriento ese espacio físico solo le interesaba engullir y tragar cuántas páginas contemplaban un libro o los textos que arribaban a su pequeña gran biblioteca. El fantasma de la biblioteca cada noche hacía sus travesuras cambiaba de lugar a Cortázar para que se entienda con el polémico Sartre; a Kafka lo quería mucho que casi nadie lo tocaba; a Nietzsche su favorito, también le generaba un miedo de locura que el cubano José Martí y la chilena Gabriela Mistral, se le acercaban con la esperanza de que ambos contuvieran el martillo de la filosofía nietzscheana; a John Dos Pasos, con su Paralelo, no inquieta mucho; Celine y Tolstoi lo inquietaban tanto que sus libros nunca estaban en el lugar que lo dejaba, provocaban terremotos en cada noche; a Proust, Dostoviesky, Platón y Cervantes los tenía bien juntios, porque eran cuatro grandes inmensidades que entre ellos tendrían que controlarse para no generar desbarajustes ni tormentas entre los estantes.

A García Marquez y Bolaños, los tenía en su lista de intocables. Vargas Llosa, Connrad, Dickens, Simone de Bouvier se paseaban plácidamente de estante en estantes. Hemingway lo inquietaba tanto que suponía que siempre lo estaba apuntando con su escopeta lista para dispararle, así como el escritor que amaba a Cuba, se destaparía los sesos en esos momentos supremos e irrepetibles de afirmación y negación. Caramba Mishima, el otro que lo perseguiía con su espada samurai. Quizás San Agustin era el que ponía algo de orden, pero le recordaban su vida pasada, de locuras y amores. Pablo Neruda, Benedetti, Machado, Pizarnak, Raul Otero, Zamudio formaban una orquesta, que cada noche dejaban escuchar sus melodías y eso asustaba a los vecinos del barrio.

Ahí estaba su biblioteca, aparentemente apacible y tranquila, pero ni a los minutos que apagaba la luz y cerraba la puerta, se armaba la fiesta y  resurgía en tormentas, vidas, tempestades de sensaciones, sentimientos, locuras, discursos, de una orgía de palabras y de susurros; mientras en las calles y avenidas de su ciudad y de su país casi todos movilizados, unos protestando contra el poder, otros preocupados por los bloqueos sin poder movilizarse, otros enojados porque sus vehículos estaban arruinados por la gasolina basura, otros en huelgas reclamando sus derechos laborales contra la Alcaldía, otros gritando “pueblo unido jamás será vencido”, “hasta las últimas consecuencias”.

El filósofo francés, Michel de Montaigne, en sus Ensayos, decía que: “La grandeza del alma no es tanto ascender y avanzar como saber cómo ordenarse y circunscribirse”. Y eso le pedían los libros o te van pidiendo cada vez que hojees un libro.

Y si quieres para rematar que no puedes irte a Marte, ni vivir en una burbuja; pero los libros te abrirán muchas puertas y más que todo el espíritu y la mente. “Por cierto que no podemos caernos de este mundo. Hemos aquí de una vez por todas”, dijo Chr. Grabbe Hannibal. Y nuestro mundo es este país que le dicen Estado Plurinacional, República, Nación.

Mi estimado lector de esta revista algo mas que debes tomar en cuenta. Casi todos los productos: una bebida, medicamentos, comidas, lubricantes tienen fecha de expiración, sirve cierto tiempo y luego tienes que arrojarlo a la basura; pero los libros tienen vida eterna y  siempre estarán presentes para cada ocasión que requieras, como las que vivimos en la actualidad, aunque Bolivia siempre ha estado experimentando tantos hechos tanto fortuitos, planificados, preparados o espontáneos.

El historiador Charles Arnade nos dijo algo tan fundamental que quizás no lo tomamos en cuenta: “El sábado 6 de agosto de 1825, Bolivia comenzó su vida como una nación independiente; estaba en el umbral de una terrible y espantosa historia”. (La dramática insurgencia de Bolivia).

Precisamente, he ahí mas razones para no caer en la desesperanza ni en las violencias, para no darle razones a los gobernantes y hagan lo que quieran, sino alzar la voz junto al escritor ruso, Fedor Dostovieski: “No tengáis orgullo ni con el grande ni con el humilde. ¡No odiéis a los que os rechacen o deshonren, ni a los que os insultan o calumnien! ¡No os deis a la avaricia, ni codiciéis oro y riquezas! ¡Y, sobre todo, tened fe, ardiente fe: mantened siempre enhiesto su estandarte”!.

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