Bolivia dice no a los radicalismos

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Seis de nueve departamentos ahora tienen gobernadores opositores al Movimiento al Socialismo (MAS), un balde de agua fría para el partido oficialista que hace semanas pregonaba que su triunfo en segunda vuelta era “un hecho”.

Con el balotaje, Bolivia no sólo deja claro al MAS que no está dispuesta a entregarle el poder absoluto, sino que también dice no a los radicalismos de extrema derecha o de extrema izquierda.

Hagamos un recuento del panorama.

En Beni, por ejemplo, la expresidenta del Estado Jeanine Áñez perdió los comicios y en su lugar ganó Alejandro Unzueta, del Movimiento Tercer Sistema (MTS).

En Chuquisaca ganó Damian Condori, disidente del MAS y exejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb).

En La Paz, ganó Santos Quispe, hijo de Felipe Quispe, promotor del indigenismo aymara boliviano.

En la última recta de su campaña, Santos Quispe se caracterizó por su negativa a cualquier tipo de alianza con Luis Fernando Camacho, Rafael Quispe e Iván Arias, representantes de los movimientos opositores al Gobierno del MAS.

Rescatemos los hechos evidentes: Sin duda, el MTS ganó terreno en las elecciones subnacionales, sólo un departamento (Santa Cruz) optó por un líder de extrema derecha y disidentes del MAS ocupan cargos con otras candidaturas.

Está claro que el discurso que polariza a la ciudadanía con argumentos de revanchismo o de venganza no marca el camino democrático del país, al contrario, la gente opta por un liderazgo que patrocine la reconciliación.

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