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Baila, desconocida

 Te daría treinta años de mi vida pero ya no los tengo.

Quiero llevarte a mi pueblo a vivir, quiero morirme a tu lado, cantan en la noche cochabambina. Y tú giras ajena a que te estoy mirando, casando, matrimoniando, asesinando. Marcelina dame alcohol. ¿Eres tú Marcelina? ¿O de la noche fantasma naces y quieres burlarte de mí? Sprichst du Deutsch? No eres alemana, a lo sumo española que es lo mismo. Pero esos giros no son ni germánicos ni checos. Medievales, sí, como fiesta de santos reyes. Me siento, no descanso, con la izquierda bebo vino, cerveza con la derecha; siempre he sido alquimista. La carne joven danza, nada más lindo que el vientre encima de la cintura. Acomodo el exceso de canas en los costados, no he ido al peluquero. Fui pero el maestro andaba en disquisiciones con un inválido buey que me cansé y abandoné.

¿Que si quiero llevarte a mi pueblo a vivir? Quiero pero no tengo. En 1976, bajando Caraparí, cruzamos el Bermejo con madre y hermana. Luna de Tartagal, por supuesto, y de Embarcación, Güemes, Orán, Estación Perico. Marrón llanura de pesares suyos que hice míos. Dime, tú que bailas, quién eres. O Luzbel te ha enviado para engañarme que es carnaval y salte como kusiyo. Me he parado a mirarte, danzas con neandertales con ínfulas de poetas. Giras. Y giras. Y tus piernas se abrirán según flores negras para servirte en desayuno. Y yo, que me he enamorado de ti, sin nunca saber tu nombre ni verte, ni una ni dos ni de nuevo. Te pediría tu nombre pero soy hombre callado. Dejaría un tendal de muertos para acercarme a ti pero me convertí en decente, Dios no tuvo nada que ver, ni Klimt ni Playboy. Chasqueas los dedos imitando castañuelas. La noche tuerce los pies en chacarera. He llegado a mi cuarto solo. Beckmann toca un corno y parece que Sacco y Vanzetti están tomados de las manos.

Quiero llevarte a mi pueblo a vivir, quiero morirme a tu lado, porque mi rancho, mi perro y mi buey ya quieren verme casao, voz de Arturo Sobenes. Leo carta de mi amor. En su misiva gritan rusos desventrados, barcos se hunden y las minas marítimas parecen flores de tuna. La leo y la deseo pero no te quito de mí, tú la otra. ¿Quién eres, perdiendo la vida con bueyes aptos para el arado? Mi esposa cultiva nabos en lo poco libre que dejó la guerra. La amo y la extraño, pero esta noche estoy dispuesto a ceder los cinco años que me quedan ¿seis, diez y seis? por ti, porque bailes y gires con tu blusa floreada, porque hoy, sobre toda la vida, te quiero.

Romántico alfeñique. Debí avasallar con sangre la tierra alrededor. Tuya la victoria y la muerte tuya que vida es.

No decido nada, apenas puedo lavarme los dientes, pareces española pero ruedas como del sur. Sal echarán en tu vientre y semilla. Y yo contaré mis años en ábaco de cinco nudos, sabiendo que treinta no puedo ofrecerte, ni quince ni diez.

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