El estropajo
Claudio Ferrufino-Coqueugniot Es bueno hablar con los peluqueros. El Isuzu carraspea, tiembla, avanza a gatas en la cuesta de Uncía hasta que cae. Abajo se encuentra Catavi. Ruedan llantas y cabezas, brazos que se apilan como leña en la morgue de Llallagua. Yo me cortaba el pelo en la peluquería Berlín, dice el maestro. Le […]