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A camioneta prestada

Evo Morales Ayma, precandidato presidencial autopostulado y principal ejecutivo del Fútbol Club Palma Flor, se desplaza a sus anchas en camioneta prestada.

El pasado 8 de marzo, a Jimena Antelo del espacio radial “Fama, Poder y Ganas” le dijo muy enojado que como no tiene plata, la embajada de Venezuela le presta aquel vehículo tasado en 160 mil dólares. El auto gris de vidrios polarizados aparece en el Tik Tok del expresidente, el cual, a decir de su mimado propietario, se expande “como los manantiales que riegan los sembradíos del Trópico de Cochabamba”. Seguramente una fracción de esas emanaciones hídricas fue usada para challar la Land Cruiser estacionada en Villa Tunari durante los últimos carnavales. Reza la tradición que lo que se challa con fe, puede durar eternidades. Deducimos entonces que el préstamo autorizado desde Caracas tiene carácter indefinido.

La furia de Morales al escuchar la pregunta de Antelo mostró brillitos volcánicos: “Yo no sé por qué tengo que informar esto. No entiendo. Lamento mucho esas insinuaciones (…). Los veo correctamente alimentados y me preguntan, ¿de dónde tiene ese carro?, es como no tener derecho”.

Segundos antes, el prestamista vehicular había confesado que obtuvo 80 mil dólares del Banco Unión para edificar la casa que acaba de estrenar en Villa Tunari e invertir en su negocio de tambaquí, el codiciado pez oriundo de los citados manantiales con los que el jefe del MAS aspira a fundar una moda gastronómica rica en proteínas. Cuando la periodista Leny Chuquimia de Página Siete reveló el 12 de marzo que Morales era propietario de ocho bienes, él se deslindó airadamente de dos, de la casa natal de Orinoca y de la de Achumani, exhibida tras su huida en 2019.

El tren proselitista de vida del fundador del IPSP ha degradado su sueldo de expresidente a “pequeño salario”; en sus palabras, “para sobrevivir nomás, para mantenerme”, dijo, mientras “salga” el emprendimiento de los cardúmenes chapareños. “Ya está rindiendo”, agregaba esperanzado. Significa eso que cuando consiga transformarse en empresario piscícola, ¿renunciará a la remuneración vitalicia que le corresponde como exjefe de estado?

Un hecho resaltado acá resulta digno de consideración: la manera en que Morales traza pétrea frontera entre los asuntos personales y los públicos. Al calificar la pregunta de Antelo, afirmaba en la colérica entrevista: “Sobre su pregunta es como decir: ¿con quién sales a la noche?, ¿con quién andas?, ¿con quién te has divorciado?, ¿te gustaría eso compañera Jimena?”.

Cuando la periodista cruceña le aclaró que ella no quiso saber nada de su novia, Morales volvió a perder el control: “Justamente a eso me refiero, ¿tiene carro de lujo o no tiene carro de lujo? Es una cuestión privada. Usted me ha invitado a hablar de Palma Flor y me habla de una propiedad”.

Y es que el diablo se agazapa siempre en los detalles. En la cabeza del hombre que más años ha gobernado Bolivia, la vida amorosa, familiar y patrimonial debería quedar discreta y bajo siete llaves. Está mal entonces que le pregunten sobre las ruedas que lo llevan a todos sus actos de precampaña, pero está muy bien exhibir la carrocería en una challa familiar. Está bien fijar una agenda tentativa para una entrevista deportiva, pero está mal indagar sobre la salud económica de la figura rectora de Palma Flor. Está bien que un gobierno extranjero preste locomoción al jefe de un partido político, pero está mal que se sepa. Lo íntimo y lo privado serían agradables cuando atraen simpatías, pero objetables en su difusión cuando permiten adivinar los perfiles ruines de los exhibidos. Así, hasta acá, el razonamiento del jefe vitalicio del MAS.

Durante los casi 14 años del Evato, el avión presidencial fue operado hasta la extenuación. Dos mil horas surcando cielos internacionales. Gracias al destape de la camioneta prestada nos enteramos ahora de que la adicción de Evolador no cesó con su evacuación de la presidencia helitransportada. Otra vez Venezuela, ahora mediante aviones de PDVSA, se encarga de que Morales, tripulante favorito, no se falte a las ceremonias más sonadas del Cuartel de la Montaña.

Un dato de yapa. Los artículos 71 y 72 de la Ley de Organizaciones Políticas, vigente desde 2018, prohíben que los partidos reciban “apoyos o subsidios” de cualquier entidad extranjera. Como Morales ya confesó públicamente lo de su subsidio automotriz, según dicta la norma, al Tribunal Supremo Electoral (TSE) solo le queda actuar de oficio y de volada.

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