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Del ridiculo a la sobriedad responsable

Los momentos dramáticos e importantes en la historia no siempre son asumidos de la misma manera, hay un inmenso y respetable número de interpretaciones, que sin embargo, deberían evitar la arbitrariedad y cuando no, el ridículo en el tratamiento de la cosa pública porque fácilmente podrían deslizarse hacia la comisión de infracciones o delitos.

La captura de Marset seguida de su expulsión es noticia internacional, ha logrado que Bolivia no sea vista únicamente como estado proveedor y territorio de tránsito del narcotráfico, sino como un país que inicia de manera diferente la lucha contra este ilícito con decisiones contrarias de lo que sucedió en los pasados 20 años.

Esta detención, que es muy importante, no ha erradicado el narcotráfico de nuestra geografía, su estructura sigue en pie y los eventuales herederos de Marset ya deben estar en la disputa interna de quien lo reemplaza, los encubridores o cómplices en la tarea de reacomodos a la nueva realidad al igual que algunas fracciones institucionales. El estado no debe bajar la guardia.

No es misterio, que lo sucedido es parte de una estrategia continental, por lo que atribuir al gobierno nacional que este proceso inaugural es producto de una decisión interna exclusiva, pecaría de arbitraria, pues existen fuerzas poderosas que la impulsan como sucedió en el pasado que afianzó alianzas que articularon  bloques permisivos con el delito, aún así el mérito gubernamental es superlativo.

La reunión de varios mandatarios latinoamericanos con su homólogo Trump en Miami, denominada Escudo de las Américas arribo a acuerdos con el objetivo de consolidar el liderazgo del país del norte, contrarrestar la influencia de China en la región y crear una coalición militar para derrotar a los carteles. Todo apunta, a que habrán más intervenciones en contra de las estructuras criminales y sus aliados.

Paz Pereira está alineado  al bloque encabezado por Trump, por necesidad más que por afinidades ideológicas, el presidente es pragmático.  Empero más allá de que los asistentes hayan estado encantados de estrechar la mano del poderoso y posar para la posteridad, han debido estar sometidos a presiones de variado nivel para que la geopolítica de cooperación militar y económica en contra del crimen organizado, sea suscrita con tareas ineludibles.

La ejecución de la operación en contra de Marset por fuerzas policiales y del ministerio público con el apoyo de la DEA, y no al revés como era habitual en el pasado, no deja de ser un detalle importante a tomar en cuenta, la corresponsabilidad, así sea asimétrica, es parte del comportamiento en el nuevo bloque que repercutirá en los presupuestos nacionales y posiblemente, en la reconfiguración de sus fuerzas armadas y policiales.

La estrategia desplegada en contra  del tráfico de drogas en nuestros territorios tiene un componente preocupante, el control militarizado de la migración, cuyas causas no siempre están vinculadas al narcotráfico sino a factores políticos y económicos internos  que deberían tener un tratamiento diferente.

El presidente chileno Kast recientemente posesionado, ha anunciado que cumplirá con su promesa electoral, construirá muros en la frontera con Bolivia y Perú con el fin de controlar la migración, emulando las construcciones  existentes en la frontera de USA con México.

La migración entre nuestros países es un problema continental que no debe ser resuelto unilateralmente y menos militarmente , el fenómeno es multilateral y su solución debe estar en manos de todos los involucrados.

El gobierno nacional ha anunciado la apertura de un nuevo ciclo  de diálogo con Chile, sin que se haya formulado un nueva política de estado debidamente debatida y aprobada en las instancias correspondientes. Una decisión de esta magnitud  debería ser mucho más reflexiva y no sujeta a adscripciones ideológicas ni a ejecuciones mecánicas de acuerdos.

Es imperativo que dentro de nuestras fronteras, se restituya la legalidad a plenitud, el respeto mutuo y la responsabilidad en el manejo gubernamental como mandato de ineludible cumplimiento, así ninguna autoridad debería efectuar demostraciones contrarias a la constitución o de irrespeto a la ciudadanía.

Infelizmente se ha llegado a tal punto en el que una autoridad supone que hacer el ridículo es un acto de rebeldía cuando en realidad es una afección que debe ser tratada por especialistas. Que una autoridad sienta placer y alegría porque otros se ríen de sus ridiculeces es una patología inhabilitante más no un comportamiento político rebelde.

Las irresponsables declaraciones de Lara sobre la reunión en Miami o la detención de Marset, deben ser respondidas, sin mayor tardanza, por las fuerzas políticas, están en la obligación de superar retóricas improductivas con acciones puntuales .

La coyuntura ha instalado temas de fondo que deben ser tratados con pertinencia y conocimiento. El manejo responsable del poder político, es una obligación no un chiste.

Sucre, 15 de marzo de 2026

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