La (In)Dependencia de Bolivia

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¡Hemos perdido a la República de Bolivia y en nuestro bicentenario de 2025 ya no tendremos independencia que celebrar!

Bolivia es hoy una colonia política, un Estado vasallo de la órbita ruso-cubana junto con Venezuela y Nicaragua; Ecuador ha logrado zafarse a medias, mientras que Chile y Colombia están entrando a la condición de países neocoloniales. Argentina y México son semicolonias coadyuvantes; y aún queda por verse que pasará con el hermano mayor, Brasil.

Simón Bolívar, el Libertador, cuyo nombre los bolivianos adoptamos para asegurarnos nuestra independencia, era fundamentalmente un hombre de pensamiento liberal, cuya herencia fue dejarnos repúblicas liberales, en las que el ideal libertario hiciera de la libertad la piedra angular de nuestra genética social.

Igualmente, el ideal unitario se convirtió en el objetivo estratégico para consolidar estas jóvenes repúblicas. Central en el propósito de la unidad está la condición de ciudadanía igualitaria ante la ley, haciéndonos a todos, en nuestro caso, ciudadanos bolivianos sin diferenciación.

Las cualidades liberales de unidad republicana e igualdad ciudadana fueron echados por la borda por la Constitución Política del Estado del MAS de 2009, cuyo primer artículo cantinflesco declara a Bolivia como “Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario” (¿?).  

El objetivo de ese texto constitucional fue el de destruir las unidades republicanas posindependencia y acabar con la condición única de ciudadanía igualitaria, dividiéndonos en multitud de etnias, reales o imaginarias, que nos convierten en una sopa de letras inconexas y contrapuestas entre sí. Igual texto constitucional se ha propuesto para Chile y las otras neocolonias.

Bolivia y el continente hispanoamericano han sido y están siendo víctimas de una insurgencia y conquista solapadas que, a diferencia de una abierta y tradicional, utiliza métodos no convencionales de lucha, aunque incluye también métodos largamente identificados por teóricos revolucionarios como Marx, y principalmente, Lenin.

Según el estudio “Bolivia, un nuevo modelo de insurgencia para el siglo XXI: de Mao a Lenin” de David E. Spencer y Hugo Acha Melgar, el teórico vietnamita Truong Chinh desarrolló el concepto conocido como “Guerra de Interconexiones” o “Combinación simultánea de todas las formas de lucha” donde las “protestas sociales” son el elemento más visible de la insurgencia.

Así, la forma principal de esa lucha insurgente, que no descarta el empleo ocasional de la violencia militar, es más bien la canalizada mediante violentas protestas sociales. Esta nueva estrategia, consecuentemente, neutraliza a las formas tradicionales de contrainsurgencia, haciéndoles difícil el aplicar la fuerza coercitiva debido a que el enemigo no es fácilmente identificable.

La “protesta social” está convenientemente encabezada por actores sociales aparentemente vulnerables, pobres y débiles, como indígenas, mujeres, estudiantes, jóvenes o desempleados, a los que es repudiable aplicarles fuerza coercitiva, neutralizando a las fuerzas del orden. Son la “infantería” de los ejércitos de antaño.

El triunfo electoral de Evo Morales en 2005 fue el resultado final y exitoso de la aplicación de este modelo de insurgencia solapada, mismo que fue aplicado también en Venezuela, en 1998; en Ecuador, el año 2000, para derrocar a Jamil Mahuad; y finalmente, brillante y exitosamente aplicado en Chile, desde 2019.

Si a lo anterior antecede el hecho que la conquista del poder político en Bolivia se llevó a efecto por medio de una insurgencia solapada, orquestada desde el exterior, que culminó con la elección de Morales, es evidente que nuestro país ha perdido su condición de país independiente y está sometido a los designios dictados desde La Habana, en un proyecto continental “neosocialista”, apoyado por el narcotráfico.

Por tanto, el 6 de agosto de 2025 no podremos celebrar el bicentenario de la República de Bolivia si ésta no recupera su independencia y su democracia, a través del único medio pacífico, aunque imperfecto, que nos queda: vencer a los insurgentes en las elecciones generales a realizarse ese año. ¡Ello es de vida o muerte!

Ronald MacLean Abaroa fue alcalde de La Paz y ministro de Estado