Y después del paro ¿qué? Nada y Todo

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Nada para el oficialismo que pretende ningunear a los bloqueos, marchas y paros protagonizados por ciudadanos indignados con la negación de los resultados del 21F. Nada para los escépticos que cuestionan las movilizaciones de las plataformas ciudadanas porque se articularon a partidos políticos con candidatos representantes de la clase política tradicional. Nada para los indiferentes que no aportan ni con ideas, ni con acciones. Todo para quienes consideran (me incluyo) que hoy la democracia está en su nivel más bajo de batería ( decir dictadura es inapropiado, porque implica que todas las estructuras del estado, sin excepción, son manejadas por una persona  a discrecionalidad y  usa el poder de forma absoluta ) porque las instituciones estatales están debilitadas como efecto de la corrupción.

La democracia puede entenderse como ampliación de derechos sociales, y, también como respeto a las reglas de juego. Sin embargo, una cosa es que tenga diversos significados y otra que se los quiera manipular. Y esto es lo que hace el gobierno de forma constante: justifica su pretensión  de continuar como opción  política en elecciones generales, bajo el binomio Morales- García -negando la alternancia en el interior de su partido- con el discurso de que justamente han sacado a millones de la pobreza y han  otorgado derechos políticos a personas invisibilizadas antes del 2005; -hechos que no se pueden negar-. Sin embargo, hoy la interpelación  no es al estado de salud de la economía, sino, al de  la democracia. La desconfianza ciudadana con las instituciones estatales es progresiva en la medida de que el gobierno no da mejores señales sobre su transparencia. La indignación es un síntoma de ello. Así, el 6D se hizo patente la musculatura social del proyecto republicano: imponer  limites el poder, apostar por la alternancia. Es la emergencia de un nuevo sentido común imposible de leer con categorías conceptuales de hace 10 o 15 años, cuando la herida social era la pobreza extrema y la degradación de las élites políticas. Hoy la herida social es la indignación contra el continuismo; el motor de lucha para  que la democracia no se siga desangrando y se evite  llegar, ahora sí, a la dictadura autoritaria ( una forma de estado donde se pierden todas las libertades -no podría publicar esta columna-). El ideal de la democracia es la libertad de pensar, decir y hacer; su condición, la igualdad política. No hay que perder nunca esta perspectiva. El 6D dio señales de que aún hay energía social para recargar la democracia.