Una semana crucial

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Antes de empezar con mis inquietudes y reflexiones me gustaría hacer una aclaración que me parece pertinente. Yo no escribo por encargo de nadie ni para agradar a nadie; soy solo un opinador callejero, ya lo dije alguna vez. Mis escritos no tienen pretensiones de verdad ni de sesudos análisis políticos, sociales, filosóficos, etc. Son solo mis opiniones. Siempre fui independiente, pero nunca neutral. Si a alguna gente no le gusta, me gustaría decir que lo lamento, pero la verdad es que no lo lamento.

Estas ultimas horas han estado plagadas de encuestas, todas dicen mas o menos lo mismo. Las encuestas son solo una herramienta para medir las preferencias o las tendencias de la opinión publica en un momento determinado. No son el Oráculo de Delfos ni profetizan un final venturoso o aciago para nadie. Algunos candidatos gastan mucho tiempo y energía en descalificar dichas encuestas cuando no les favorecen. Creen que denostando las encuestas van a revertir su situación.

Por otro lado, la guerra sucia esta en su apogeo. Todos la practican, algunos con mayor intensidad y bajeza. Siempre pensé que la política no es una actividad para hermanitas de la caridad, pero tampoco para bravucones y bribones que no tienen un mínimo de coherencia y que son capaces de rifar a su madre por una pizca de poder. Lamentablemente en un país ignorante e iletrado como el nuestro, siempre van a encontrar borregos que los sigan.

Hace mucho tiempo que se perdió la dimensión ética de la política, recuperarla debería ser una tarea imprescindible para no volver a vivir este pandemónium. Pero no me hago ilusiones, no mientras la educación no sea considerada fundamental para el desarrollo del país y se tome en serio. La educación no es un asunto barato y sus resultados solo se pueden medir a mediano y largo plazo, quizá por eso, en un país inmediatista como el que tenemos, no se le da la importancia que se merece.

Volviendo a la coyuntura. Se escuchan voces que sugieren que se estaría cocinando un fraude, lo paradójico es que esas voces proceden, en su mayoría, del partido más anti democrático y fraudulento de nuestra historia ¡Algo huele a podrido y no es en Dinamarca! Diría un Hamlet criollo. Pues si, algo huele muy mal, y el olor nauseabundo emana de filas evistas y de algunas otras agrupaciones políticas que están en franco contubernio con el masismo.

Las elecciones que se avecinan serán las elecciones mas vigiladas de la historia de Bolivia, no solo por organismos internacionales, sino por los ciudadanos de a pie que ya no tolerarán que se les escamotee el voto una vez más. En estas condiciones es muy improbable que se pueda fraguar un fraude, casi imposible, diría yo. Entonces ¿a qué se debe o que se pretende al instalar la sospecha de fraude en la opinión pública?

Podemos ensayar varias respuestas, pero la mas congruente es la siguiente: El MAS no puede permitirse, de ninguna manera, ir a un balotaje, saben que en segunda vuelta perderían. Su apuesta es ganar en primera, y si les faltara algunos puntitos o decimas para asirse con el poder, denunciar fraude y convulsionar el país, todo para evitar una segunda vuelta. La apuesta parece sencilla, y mas si consideramos el poderoso lobby masista en el exterior. Instalaran la idea del fraude, así como instalaron la idea del golpe de estado.

Pero… y es que todo tiene un pero. A pesar de todo el despliegue de la artillería masista y de sus aliados, curiosamente rabiosos anti masistas de boca para afuera, no están pudiendo perforar la candidatura de Carlos Mesa y Comunidad Ciudadana. La suerte aún no está echada, esta semana será crucial para definir el resultado parcial de esta elección, digo parcial porque estoy convencido de que habrá segunda vuelta.
Todo dependerá de la decisión del ciudadano, de aquel ciudadano que, como yo, quiere evitar que vuelva el MAS.

Tampoco podemos olvidar que en la elección del domingo 18 se juega el futuro de la gobernabilidad del país. Así que, estimado compatriota, el día de la elección salgamos a votar con optimismo, responsabilidad y conciencia. No permitamos que la impostura, la corrupción, el abuso de poder, la intolerancia y un largo etcétera se apodere nuevamente del país.