Una rata entre leones

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La alucinante historia boliviana, ahora trasladada tan lejos. El surrealismo, el realismo mágico, los caudillos de la sombra, el mal y el señor presidente: una historia de nunca acabar.

Me presto el título del comentario de un amigo. Quienes vivimos cerca de México, nos relacionamos, trabajamos, convivimos con mexicanos, sabemos las delicias y la inconmovible tragedia de aquel país. Sabemos de la tozudez del narco, de su crueldad, su infaltable, e infatigable, presencia. ¿Por qué elegiría a México un semidiós andino? Las razones deben ser muy fuertes. Mejor le hubiera ido en Cuba. Tendría adolescentes de más para llenar su inmenso lecho. Pero fue México, con un solícito alcahuete que funge de presidente, 14 guardaespaldas, visitas sin ningún provecho a museos y rebuznos a más no poder. Mucha parte del mundo está fascinada con el hombre primitivo; muchos lo creen el buen indígena, aunque el falaz nativo nada tiene que ver ni con Rousseau ni con Voltaire.

Una austriaca me sugiere que ojalá lo contrate la Unión Europea para enseñar lo que es ser un socialista de éxito. ¿En qué era vivimos? Justo ahora que la información es accesible, crece la ignorancia. En primer lugar, es tan rico que no necesita trabajo. Tan vanidoso y tan cabrón que está acostumbrado a que otros trabajen por él, le amarren los zapatos. Esta diva que no canta ni baila sabe menearse bien.

Juega al indicieto sufrido, pobre, abusado. Pero su tono es despótico, señala a periodistas con sus dedicos de hembra, no acepta preguntas, creyó lo que le hicieron creer, entre narcoamautas, narcoministros y narcofolkloristas. El hombre perfecto, el último Neandertal. Sería bueno exportarlo, a Austria, por ejemplo, y que haga partícipe a esa población de su divinidad, su inteligencia. ¿Pero dónde ubicamos el Chapare allí? ¿Barremos con Viena para plantar coca? ¿Accederán los austriacos a entregar sus niñas vírgenes al lobo feroz? ¿A la feroz rata que escapa, que se esconde, que se asusta, que se mea, que se caga en los pantalones? Fácil hablar. Fácil decidir por los eternos colonizados. Europa no ha perdido su paternalismo, ni tampoco España, donde los españolitos y nacionalistas vascos creen que pueden enseñar en un país y una historia que desconocen.

¿Rata entre leones? El tipo escapó, huyó sin que nadie lo persiguiera. Debió quedarse en el trópico, estar a la cabeza de las marchas asesinas. ¿O alguien más grande que él lo obligó a ir? Pareciera. Especulemos que el narco hastiado del incumplimiento de las cuotas este último mes le dijo que tenía que solucionarlo, que ellos ayudaban con logística y armas, pero que no se podía interrumpir el flujo de droga hacia Venezuela, Cuba, México y de allí a todo confín. Que tenía que presentarse a reportar e informar de las soluciones. A los sinaloenses les da lo mismo cortarle la cabeza o cortársela a un becerro. La rata asustada se metió en las fauces del león. López Obrador es únicamente el intermediario que dio al viaje un viso de refugio, lo que no es cierto. Que cuánto el mexicano depende de los cárteles, no lo sabemos. Pero es un buen pretexto.

En medio nosotros, entre los fuegos de un negocio privado. ¿Privado? Pero si nos jode como país, nos neutraliza, nos persigue, hace que nos infunda terror. Problema nuestro, sin duda. Que apela a nuestras soluciones fuera del gran paso que ha sido expulsar al roedor.

Las ratas se vuelven gallos, al parecer, desde lejos. Dos rostros para una misma cabezota, el que se cree divinidad andina y el lacayo que vende droga y cosecha dividendos. Al medio nosotros, repito, con la premura de hacer este alejamiento definitivo, con la incertidumbre de qué traen el miedo y ambición del pedante, ignorante, inmundo desertor.