Marco Fernández Ríos

Jonathan Olivera muestra su colección de monedas y billetes de todo el mundo, en un domicilio que se ha transformado en un repositorio de historias

“Tengo muchas monedas y billetes, y los conozco por su historia y los detalles”. Jonathan esboza una sonrisa de satisfacción al saber que la gente conocerá su colección de billetes y monedas, porque desea contar todos los pormenores de sus objetos preciados.

Con mucho cuidado y cierta reverencia, el personaje saca de una de las cajas de su escritorio dos álbumes negros, que los deposita en una mesa. Antes de hablar respira profundamente, como lo hace desde que decidió abrir su casa, y empieza a contar que su afición comenzó hace más de dos décadas.

Jonathan Rodrigo Olivera Salcedo es un abogado de 32 años, trabaja todos los días y tiene problemas como cualquier otro. No obstante, en cuanto sale de su oficina, vuelve a ser el hombre entusiasta que dedica su tiempo libre a recolectar billetes y monedas.

Uno de los recuerdos preferidos de Jonathan es cuando su papá (Roberto Olivera) reunía a sus tres hijos para mostrar un tríptico que protegía 12 billetes antiguos, varios de Bolivia, algunos de Perú y uno de México.

“El billete de cinco bolivianos era verde y el de 20 bolivianos era café, así es que yo quería saber cuál era el tono de los billetes de 10 y 100, y el de 200, si es que había”, dice el jurista paceño

La afición de Jonathan se divide en dos especialidades. La primera es la numismática, que es el estudio y la colección de monedas. La otra disciplina es la notafilia, una parte de la numismática que se dedica al estudio, investigación y colección de billetes de banco.

Sea cual fuera su denominación, él se considera un apasionado por los billetes y monedas no sólo del país, sino también de todo el mundo. A partir de la curiosidad por completar las joyas de su papá, Jonathan se dirigió primero a la Sagárnaga, calle donde, además de equipos deportivos y mesas rituales andinas, comercializan objetos antiguos.

Otro factor importante en su pasatiempo fue su hermana Jeaneth, a quien pedía que al retornar de sus viajes le trajera un periódico del lugar, billetes y monedas. Después se dedicó a competir en subastas a través de internet. Por último, sus amistades cooperaron para que, en la actualidad, este paceño tenga más de 2.000 billetes y cerca de 2.500 monedas.

Con algo de reverencia, Jonathan abre su primer álbum,  donde, en primera instancia, emergen unos billetes en los que aparece el rostro de Simón Bolívar, que datan de inicios del siglo XX, los primeros que imprimió el Banco Central de Bolivia (BCB).

Hojear las páginas es como retroceder en el tiempo, pues existen billetes de años diferentes, con diseños artísticos de acuerdo con la época, como por ejemplo paisajes antiguos de La Paz y Potosí, rostros indígenas y personajes históricos, como Antonio José de Sucre, Andrés de Santa Cruz, Juana Azurduy de Padilla y Gualberto Villarroel.

Lo que llama la atención de esta primera parte son billetes de la época de la hiperinflación, cuando salieron cheques de gerencia de 500.000 pesos bolivianos e incluso de un millón, con los que se podía comprar apenas unos cuantos panes.

En las siguientes hojas hay billetes de toda Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica, con diseños particularmente hermosos de México. El coleccionista abre otro álbum, en el que guarda papel moneda de los demás continentes, algo enigmático, tomando en cuenta que es dinero de lugares lejanos, como Egipto, India, Croacia, China, Australia o Rusia.

En este acápite, lo que sobresale son billetes alemanes de la Segunda Guerra Mundial, es decir de cuando Adolf Hitler gobernaba aquel país europeo. Dan ganas de seguir hojeando, una y otra vez, los álbumes, para ver los detalles que pueden estar ocultos, como la firma de Ernesto Che Guevara en un billete cubano o diseños extraños del papel moneda de Egipto.

De acuerdo con una nota de la periodista Micaela Villa, publicada en el periódico La Razón, las monedas y billetes bolivianos tienen buen precio en internet. Por ejemplo, un billete de 10.000 pesos de 1945 llega a costar poco más de 40 dólares (278 bolivianos), mientras que una moneda de 10 centavos de 1936 se cotiza en aproximadamente 2.000 bolivianos.

“Hay páginas (de internet) de subastas y ventas de monedas y billetes antiguos muy raros, que pueden costar miles de dólares. Las monedas de plata de Bolivia son las más caras, también las de cobre. La moneda más costosa que vi fue una del siglo XVII, que valía 15.000 dólares”, explica, en la nota informativa, el numismático Bryan Aguilar.

Sin duda alguna, Jonathan posee ejemplares que cuestan mucho dinero, pero, para él, los que más valor tienen, desde el punto de vista sentimental, son los 12 billetes que mostraba su papá y el papel moneda paraguayo, que su abuelo trajo después de participar en la Guerra del Chaco.

Para hablar de las monedas, el numismático saca de uno de sus cajones tres urnas de madera, que resguardan aproximadamente 2.500 monedas. “No las divido por países, ni las pongo en sobres o en fundas, porque tengo muchísimas monedas y porque las estoy aumentando de manera constante”, explica.

Pese a que son miles, el coleccionista se enaltece de conocer su origen y el detalle de cada una de ellas. Por ejemplo, muestra un ejemplar de china, que tiene como imagen principal una pagoda, un edificio de varios pisos y característico de los países asiáticos. También enseña una pieza de Croacia, que tiene a San Jorge, que se enfrenta con un dragón.

Del territorio boliviano tiene dos reliquias: una moneda en la que aparece Mariano Melgarejo y otro con el perfil de Hugo Banzer, en conmemoración del sesquicentenario de la fundación del país. De esa manera puede pasar todo el día contando y explicando cada elemento de su colección.

Sin duda, su colección tiene un gran valor económico, por lo que es ineludible preguntarle si ha pensado en venderla. “No, porque me ha llevado muchos años de dedicación y hasta donde pueda voy a seguir buscando y acumulando”, responde Jonathan antes de seguir mostrando las piezas que relievan el repositorio que tiene en su vivienda.

Un museo en la avenida Buenos Aires

Desde hace un tiempo, Jonathan Olivera abrió su casa —ubicada en la zona 3 de Mayo, en la avenida Buenos Aires— para que la gente interesada en sus colecciones pueda verlas y sacarse fotos, ya que no sólo guarda billetes y monedas, sino también figuras de Gi-Joe, Falcon, He-Man y PlayMobil, entre otros.

Las personas interesadas en visitarlo pueden coordinar a través del muro de Jonathan Rodrigo Olivera Salcedo, en Facebook, o mediante WhatsApp, en el número telefónico 75295991. El ingreso para mayores es de 20 bolivianos, mientras que menores pagan 10 bolivianos, que da derecho al ingreso a su repositorio, dialogar con el coleccionista y sacarse fotografías con algo de la vasta colección.

Fotos y videos: Marco Aguilar