Carlos Decker-Molina
En 1999 yo estaba en los Balcanes. En Kosovo se respiraba olor a pólvora, carreteras cortadas y diplomáticos improvisando argumentos morales frente a un vacío legal. La OTAN bombardeó Serbia para frenar lo que describía como limpieza étnica contra los albaneses kosovares. El problema es que no había autorización del Consejo de Seguridad. Aquel episodio dejó una frase que aún incomoda a los juristas: “ilegal pero legítimo”.
Hoy, cuando algunos analistas sugieren que ese “expediente Kosovo” podría servir de coartada para una acción militar contra Irán, conviene volver a mirar lo que realmente ocurrió en el Balcan.
Kosovo y la ONU
El Consejo de Seguridad aprobó varias resoluciones sobre Kosovo —Resolución 1160 del Consejo de Seguridad de la ONU, Resolución 1199 del Consejo de Seguridad de la ONU, Resolución 1203 del Consejo de Seguridad de la ONU— exigiendo alto el fuego y cooperación, pero ninguna autorizó el uso de la fuerza.
La Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada después de los bombardeos, creó el marco internacional para el final del conflicto, pero, no legalizó retroactivamente la intervención.
La OTAN actuó sin mandato. Y el mundo occidental lo celebró porque las imágenes de Sarajevo y Srebrenica estaban frescas en la memoria europea. Se creó un clima político y mediático anti-serbio que hizo moralmente aceptable lo jurídicamente discutible.
Después de Kosovo surgió la doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P), adoptada políticamente en 2005. Pero R2P no reemplaza la necesidad de una resolución del Consejo de Seguridad porque no autoriza acciones unilaterales. Kosovo no creó un precedente legal. Creó un precedente político.
¿Puede EE. UU. usar ese precedente contra Irán?
No en términos jurídicos. Sin resolución del Consejo de Seguridad, un ataque sería considerado agresión ilegal según la Carta de la ONU, salvo que pueda demostrarse un ataque previo o inminente que justifique la legítima defensa. A Trump no le interesa la opinión de la ONU.
Trump después de Davos y Minnesota ha quedo un poco maltrecho políticamente, por eso busca un apoyo en el derecho interno para justificar su posible acción en Irán, pero, son también herramientas controvertidas. Hay dos:
La War Powers Resolution, que permite acciones limitadas sin autorización previa del Congreso por un tiempo específico.
Las viejas autorizaciones del uso de la fuerza: AUMF 2001 y AUMF 2002, que distintos presidentes han estirado jurídicamente hasta límites impensados.
Las justificaciones públicas de Donald Trump
En el discurso de Donald Trump aparecen cuatro ejes:
El programa nuclear iraní. La represión interna del régimen. La seguridad regional y la protección de aliados y finalmente la estabilidad del Golfo Pérsico.
Nada de eso constituye, por sí solo, base legal internacional.
Aquí entra un factor que rara vez aparece en los análisis jurídicos y es la fractura religiosa entre sunismo y chiismo. Arabia Saudita y Irán representan polos opuestos. Washington está alineado con Riad. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa una parte decisiva del petróleo mundial, es el escenario silencioso de esa tensión. Los chiitas de Irán son enemigos mortales de Israel. Los sunitas de Arabia Saudita tienen una alianza muy fuerte con EE. UU. y estuvieron a punto de reconocer a Israel.
¿Guerra o diplomacia coercitiva?
Existe otra hipótesis más fina, se trata del despliegue militar no como preludio de una guerra, sino como diplomacia coercitiva. Se trata de subir la presión militar para forzar una negociación.
La diferencia es sutil pero clave: Hace suponer que hay canales diplomáticos activos, mensajes indirectos y ventanas de salida, es presión o puede ser también una narrativa de “inevitabilidad”, pre-posicionamiento logístico sostenido y búsqueda de un casus belli.
La lección de Kosovo aplicada a Irán
Kosovo mostró que, cuando el clima político y mediático es suficientemente fuerte, la ausencia de legalidad puede ser reemplazada por la construcción de legitimidad moral. Las informaciones que salen de Irán sobre matanzas y fusilamientos contribuyen a la construcción de la legitimidad, pero ¿acaso a Trump le interesan la legitimidad?
Debemos admitir que desde la invasión de Rusia a Ucrania el derecho internacional ha perdido su capacidad de frenar a las potencias. Trump va por el sendero de los más fuertes. Da la impresión de que se siente embelesado provocando miedo.
Kosovo no fue un precedente jurídico fue una forma delicada de tejido moral y humanista de ayudar a un pueblo étnicamente maltratado
La política puede imponerse al derecho, pero, desde el 24 de febrero de 2022 se han roto los puentes diplomáticos, una señal preocupante porque Trump ratifica el desorden internacional y acomete con armas desde aranceles y fragatas para producen miedo, asombro, temor y finalmente sumisión.