Marco Fernández Ríos

Este descenso con cuerda en el límite entre El Alto y La Paz tiene el objetivo de reunir juguetes, que serán destinados a niños de bajos recursos económicos

¿Qué se siente descender más de 25 metros con una cuerda en el Faro Murillo? Para experimentarlo sólo hay que entregar dos juguetes, que serán regalados a niños de bajos recursos económicos de El Alto. Lo demás es una aventura que empieza con una escalera interminable.

La Unidad de Promoción Turística —dependiente de la Dirección de Competitividad e Innovación del Gobierno Autónomo Municipal de El Alto (GAMEA)— creó hace más de cinco años el Saraqaña-Rapel Urbano, una aventura en el límite entre La Paz y El Alto, que consiste en practicar rapel en el faro más alto de la urbe alteña.

Sí, comienza con 50 peldaños de una escalera metálica que parece interminable, pues al alzar la vista da la impresión de que tuviera el cielo como límite. Con el arnés puesto y una cuerda que llega desde lo más alto del faro, quien va a saltar tiene que subir las escalinatas con energía, aunque poco a poco empieza a flaquear la fuerza de los brazos y el viento se convierte en otro enemigo del ascenso a la cima de la tea que simboliza la revolución paceña del 16 de julio de 1809.

Al llegar arriba, lo que impresiona es la vista de ambas ciudades. En un lado se puede observar un panorama diferente de la urbe paceña, con una infinidad de edificios y casas, algunas que cuelgan en las zonas periféricas, mientras que orgullosos aparecen algunos bosquecillos que se niegan a ser talados.

En el otro lado embelesa el ajetreo de la línea Morada del teleférico y de la avenida Panorámica, desde donde el aroma a wajt’a (mesas rituales andinas hechas por amautas) llega a lo alto del Faro Murillo.

Esa especie de hipnotismo se resquebraja con el viento intenso, que parece apurar al visitante para practicar rapel, un deporte extremo que consiste en descender por una superficie vertical a través de una cuerda, con la ayuda de un arnés, mosquetones, guantes, casco y otros equipos de seguridad.

 “Muchos piensan que este tipo de actividades se hace sólo en el área rural, como Peñas (cantón de la provincia Los Andes) o en Aranjuez (en la zona Sur de La Paz), pero queremos que la gente lo practique en El Alto, a 10 minutos de la Ceja”, afirma Hidelberto Márquez, director de la Unidad de Turismo.

Para Abigail Herrera —una joven y osada aventurera—, es la primera vez que hará rapel y, por esa razón, la ansiedad cubre el nerviosismo que significará descender de una manera nada ortodoxa. Igual que los demás, asciende las escalinatas con ánimos, pero a medida que avanza, el cansancio se apodera de ella. De hecho, en la mitad del tramo decide descansar un poco. Arriba todo está bien, aunque le cuesta comprender las indicaciones de Hidelberto, quien es el responsable de llevar a cabo esta aventura extrema.

Con mucha calma, el guía une la cuerda al arnés con un nudo ocho, mientras brinda las últimas instrucciones para disfrutar el rapel. “Listo, ¡vamos!”, dice. Es inevitable sentir miedo a la altura, más aún cuando hay que cruzar al otro lado de la baranda. Ahí deja de verse el horizonte y las innumerables casas de la urbe paceña, de sentirse el aroma a wajt’a de los amautas e, incluso, el viento intenso.

Ese instante, el mundo se reduce a las manos enguantadas y sujetas a la cuerda, las piernas que no deben doblarse y las instrucciones de Hidelberto. La cara frontal del Faro Murillo tiene huecos que incrementan las dudas, pero hay que hacerlo. Aquellos pequeños momentos parecen durar minutos o, tal vez, horas. “Parece muy cortito, pero al estar ahí es como si se alargara el tiempo, a pesar de que apenas han transcurrido unos segundos”, cuenta Abigail.

Con el desafío planteado y al otro lado de la baranda, no queda más que sostener la cuerda con las dos manos, sentarse sin doblar las piernas y dejarse llevar por la gravedad. Poco a poco, de acuerdo con la velocidad que uno quiera, el cuerpo desciende. El corazón late más fuerte, la respiración está agitada y la concentración se enfoca en cómo bajar. “Estuvo fácil, con excepción del momento cuando llegué a un hueco. Ese instante me asusté, porque me entré y no sabía dónde pisar. No sabía si soltar la cuerda o soltar mis pies. Ése fue el único momento que me dio miedo y que me hizo temblar, porque no sabía cómo reaccionar”, recuerda Abigail.

De a poco se dejan de escuchar las instrucciones de Hidelberto y se oye más el apoyo de quienes están abajo. Cuando el suelo está cada vez más cerca, la alegría aumenta. Al terminar se amalgaman una especie de euforia y cansancio, que se convierten en alegría cuando se escuchan los aplausos por haberlo logrado.

Ante la pregunta de si lo volvería a hacer, Abigail dice con determinación que sí lo haría. “Muchos tendrían que subir para ver cómo realmente es La Paz desde arriba”, dice antes de descansar un poco y repetir la experiencia desde lo alto del enorme faro, que representa la liberación de un pueblo y también es el recordatorio de que los desafíos están hechos para vencerlos.

Dos descensos por dos juguetes

Víctor Hugo Conde, director de Competitividad e Innovación del GAMEA, informa que el Saraqaña – Rapel Urbano forma parte de una campaña que pretende recolectar juguetes para distribuirlos a niños de escasos recursos económicos. “De esta manera estamos iniciando la campaña navideña. Quienes quieran ser parte de estas actividades tienen que inscribirse con un par de juguetes para dos descensos. Lo que se reúna se entregará a niños que no tienen la posibilidad de disfrutar las fiestas de fin de año”, informa.

Esta campaña —denominada “Cuidando la sonrisa de la niñez alteña”— tiene tres actividades: rapel en el Faro Murillo, el Tour Qhutaña —con caminata por lagunas de colores en Milluni— y una escalada en hielo en el Huayna Potosí.

El rapel se realizará los viernes 11 y 18 de este mes, y la escalada en el Huayna está prevista para el sábado 12, mientras que la ruta Qhutaña se efectuará el sábado 19. “Garantizamos el equipo de seguridad para estas actividades. El instructor asegura que será una experiencia placentera para disfrutar el turismo de aventura en el municipio de El Alto”, comenta Hidelberto.

Las personas interesadas en ayudar y disfrutar de estos deportes extremos pueden inscribirse y dejar los juguetes en la Unidad de Turismo de El Alto, ubicada en la sede social de la Junta de Vecinos de Villa Dolores (calle 4). También pueden comunicarse con el teléfono 76531625 o contactarse a través de Facebook en el muro @UnidadTurismoElAlto.

Fotos: Marco Aguilar