Ivan Pozzoni
El nuevo tardomodernismo
Por la lectura rigurosa y aguda de mi silloge agradezco a Cipriano Gentilino: en un mundo dominado por el egocentrismo, dar “voz” a otros artistas de la comunidad del arte es señal de cuidado y empatía hacia el otro-en-el-mundo. A continuación, presento algunas precisiones teóricas frente a las dudas señaladas —con extrema corrección— por Cipriano Gentilino y discutidas junto a Alfredo Rienzi.
«[…]Pero el riesgo es que su propio discurso, por más autocrítico que sea, no logre escapar a la lógica del “conducator”, como él mismo se define, y que sea justamente su figura de intelectual carismático y polémico la que termine ocupando el espacio del “yo”[…]» (C. Gentilino).
Neutralización del riesgo.
El Kolektivne NSEAE es uno y trino: silloge / movimiento / corriente. Ivan Pozzoni, como líder (conducator) del movimiento militante de hijacking KNSEAE, posee exclusivamente un derecho a veto sobre las decisiones de un Prezidium (15 miembros), representativo de las distintas áreas geopolíticas reunidas en asamblea (3000 participantes). Ivan Pozzoni —como artista tardomodernista— es tribunus frente a la comunidad del arte, al igual que cualquier otro artista de la comunidad artística internacional. El χάρισμα del líder o del artista no es de origen egoico: está legitimado —como el tribunus ante los concilia plebis— por la propia comunidad del arte. El conducator no de-cide: educa al Prezidium y a la comunidad del arte (de manera recíproca) mediante su derecho a veto.
«[…] Sin embargo, la necesidad de redefinir continuamente sus conceptos (clarity, participación, anti-póiesis) corre el riesgo de dejar al lector en un limbo entre utopía e inejecutabilidad […]» (C. Gentilino).
A-topía y estabilidad histórica.
La magmaticidad del movimiento y de la corriente literaria (en estado naciente) tenderá, con el paso de los siglos, a estabilizarse. El KNSEAE —como corriente literaria tardomodernista— no es utópico (como la lírica/elegía modernista dominante, que describe de manera seductora un “lugar que no existe”), ni distópico (como ciertas corrientes experimentalistas no orientadas a la πρᾶξις, que performan negativamente un lugar feo). Es a-tópico: el tardomodernismo activo e intervencionista performa, en términos ucrónicos, un no-lugar —el no-where baumaniano— que existe. El lector permanece, por tanto, anclado dentro de un mundo distópico, sin ser desplazado hacia una ilusión utópica.
«[…] En algunos casos la ironía se vuelve cinismo, y la lengua se vuelve programáticamente brutal, rozando el panfleto social. Esto refuerza la coherencia con la poética propuesta, pero limita la vivencia de practicabilidad y, por tanto, la empatía hacia el intento —valiente— de pensar una nueva ontología de la experiencia estética […]» (C. Gentilino).
Concionalidad y praxis estética.
El tardomodernismo se define por la concionalidad comicial, la invectiva, el neologismo, la exaltación del trash y la extrema vulgarización del lenguaje ordinario. Desde su concepción del arte como «interacción social», introduce un bloque militante —un hijacking militante y militar— orientado a desactivar toda mediación burocrática que sostenga la seductividad de la «poesía elegíaca» y la extrema ὕβρις del «auto-lenguaje amateur» del epigonismo Rubik. En un mercado saturado, poblado de versos con caducidad semestral destinados al incinerador sin lectura (vacío de sentido), la solución no es una nueva ontología estética cercana a la moderna, sino una nueva socio / etno / antropología estética, engaged, distante de toda performatividad distópica.