Al otro lado del espejo.

Cada que me miro en el espejo
te encuentro a ti, pero apenas miras
los puntos brillantes enclavados
en la trasparencia de mis retinas;
luz y diafanidad,
dentro el mare mágnum de mí misma.
¿Será que el espejo nos miente?,
¿o tergiversa la realidad?; en la tibia
extensión del cristal hay superficies,
rostros, figuras, contornos,
que perfilan la membrana perceptible
para el que no sabe ver, y se limita a mirar.
Al mirarme de frente
en el espejo, mis ojos simplifican
la acción de conocerme
de verdad, y me veo desnuda, cristalina,
como soy en realidad,
sin falsificaciones y sin enigmas.
No renuncio a la otra,
la que se me sobrepone, pues soy yo la precisa,
la palpable, forma y movimiento,
la que suspira y grita.
Permanecemos siempre juntas, como una solemne ofrenda, que unidas en la plata del espejo se equilibran.


Recuerdos

I

Hoy te siento en mí, esculpido dentro
de mi alma que alberga la sombra y la luz y sensualmente se mueve.

Asciendes a mi mente que osa
imaginarte cerca, y me inunda
de tu aliento una vez más, mientras intento
que cada noche tu viva imagen vuelva.

Estás en mí y no es sólo subsistencia,
ni es fragmento de real existencia,
eres la perfecta afinidad compenetrada.

II

Desnuda estoy. El verano se ha vestido
de soledad y abandono. Ninguna sombra me mira.
Se enciende de fuego mi lecho, y yo dentro la pira,
ofrenda al dios del olvido.

El sigilo no es tranquilidad, es alarido
de recuerdo insomne que incesante gira
en las noches eternas; es dolor, es ira,
por aceptar sin más tu sentido.

cubierta está mi carne de sensaciones,
maduro ya el fruto de las pasiones,
a pesar de que no existe segador para la siega.

Mis espigas altas y doradas.
Trigo, regado con llanto de almohadas,
qué vibrantes esperan en la huerta.