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Para una reforma educativa en Bolivia

Christian Jiménez Kanahuaty

La pregunta clave sobre la educación no tiene que ver con el currículo o qué tipo de contenidos pedagógicos serán expuestos en él. La pregunta debe realizarse acerca del sujeto social y político que se pretende generar desde el Estado o desde la coordinación con sectores estratégicos de la sociedad.

Los modelos educativos priorizan, destrezas o conocimientos. Y al hacer el diseño curricular establecen pautas de aprendizaje, seguimiento, control y calificación. Y es que hay que dejar de lado la noción de que los estudiantes pueden ser medidos con estadísticas y puntajes. Porque si nos preguntamos sobre el sujeto, las consecuencias son otras porque los contenidos no van establecidos de antemano. Se organizan según las necesidades de cada sujeto y el rol que desea desempeñar en la sociedad.

Para esto es necesario ver a los estudiantes no como tabulas rasas sobre las que se escribe con plena libertad y sin consecuencias. Uno de los factores poco analizados tiene que ver con la formación previa de los estudiantes antes de ingresar a un establecimiento educativo.

Los estudiantes llegan al salón de clases portando el léxico familiar con el que nombran y actúan sobre la realidad. También con los aprendizajes cotidianos dados por la relación que tienen con la tecnología y otras personas cercanas a la familia. Al mismo tiempo, ese estudiante en sí mismo tiene ideas, imaginarios, percepciones e impresiones sobre el mundo. Y todos estos factores han moldeado tanto su carácter, como el modo en que aprende la realidad.

Bajo esas condiciones, el estudiante es alguien que, en lugar de ser sometido a una estructura, ya es una estructura en sí.

Y si hay una nueva construcción educativa para un país como Bolivia, no se puede dejar de lado la lucha que hay por el reconocimiento y la integración de la diversidad cultural. Aunque claramente la diversidad cultural no se reduce a vestimenta y días festivos. Tiene que ver sobre todo con usos diferentes del tiempo y del espacio. Aquellas prácticas sociales y económicas e imaginarias no se desarrollan al unísono ni con los mismos objetivos en ciudades y áreas rurales; incluso entre las propias ciudades existen diferencias dadas por cualidades específicas que van desde el clima, hasta la utilización de espacios públicos para el esparcimiento y la diversión y terminan en la nutrición y el acceso a actividades ligadas al conocimiento y la creatividad.

Lo que debe interesar es que esas dimensiones concretas, puedan generalizarse en un plan educativo y para ello, lo esencial es encontrar qué tipo de sujeto necesita el país hoy en día. Y de esa manera, establecer, cómo se puede gestionar la libertad, la innovación y la experimentación en los estudiantes.

Cuando un proceso político desea reinventar la educación, su motivación no tiene que estar fundada en la ideología política que sostendrá el régimen de gobierno de turno. Porque esa visión a corto plazo lo que genera es un retraso generacional y una desconexión entre las generaciones qué han sido educadas bajo diferentes esquemas a través de los cuales se interpreta la realidad. Y esto se produce desde el modo en que se realizan las tareas escolares y los libros que se leen en cada grado educativo.

Cuando la desconexión entre generaciones se gesta desde los ámbitos educativos, lo que se tiene es una sociedad que simplemente nace fragmentada y no tarda en perecer.

Pero, la opción que se encuentra tras la debacle de la ideología al interior de la currícula es una opción que se percibe como fría y técnica, debido a que se desea que los estudiantes sean capaces de resolver problemas y funcionar de manera eficiente. Como si la educación pudiera reducirse a indicadores y valores normativos esenciales.

Para no caer en ambos extremos, el modelo educativo atraviesa faces de consolidación. Primero aparece como discurso y luego como realidad. Y para que esto suceda, el presente tiene que ser integrado como variable operativa. Eso quiere decir que el presente porta en su interior problemas de un tiempo histórico que resulta de una acumulación.

El tiempo histórico no se inauguró un primero de enero. Es el resultado de una serie de acumulaciones no siempre visibles y no siempre esperadas. Acumulaciones que han dado como resultado contingencias, contradicciones y actores inesperados como la Inteligencia Artificial generativa.

Entender, por tanto, la conexión de la historia con los procesos educativos es avanzar en el problema. Porque ahí está la matriz para conectar generaciones y conocimientos alrededor de problemas sustanciales como: pobreza, delincuencia, analfabetismo, desempleo, informalidad laboral, escasa comprensión lectora, bajos niveles de razonamiento abstracto y poca relación con proyectos de vida hacia el futuro por parte de estudiantes cuyas opciones de vida están medidas por las redes sociales y la tecnología.

Por esto lo que se tiene que diseñar es un programa educativo flexible, abierto a las posibilidades de casa estudiante y en relación a sus deseos. Fomentar la creatividad y el pensamiento crítico, no pueden ser un fin, sino un punto de partida. Porque para entender lo que hace el pensamiento crítico hay que ponerlo en escena frente a problemas como la reducción del mercado laboral, los dilemas internos del mundo de las artes, las limitaciones prácticas para realizar ciencia aplicada en el país y las condiciones de producción de desigualdades sociales en cada región y dentro de cada índice generacional.

Una sociedad que no se puede pensar desde la educación hacia el futuro no es una sociedad que ha fracasado, tampoco es una sociedad destinada a cometer todo el tiempo los mismos errores, mucho menos es una sociedad con poca movilidad social. Simplemente es una sociedad que empieza a conformarse con lo poco y resuelve que sobrevivir es mejor que vivir.

Aprende a vivir con insatisfacción constante y con frustración acumulada. “Tanto talento y tan pocas opciones”, se escucha decir y la frase no está hecha para sostener el desaliento, sino para pintar una situación estructural. El efecto multiplicador de abrir la educación a esquemas renovadores donde el sujeto sea el protagonista de su propia formación, indica el camino a una sociedad que se anima a más. Que pretende conocer más de lo que está cerca suyo. Una flexibilidad en los contenidos lo acercan al mundo y globalizan sus oportunidades.

La discusión entonces debe darse sobre los marcos en que esa flexibilidad y libertad se gestionan. Que toda libertad esté dirigida hacia un destino. 

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