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¿Oposición dispersa vs. evismo aliviado?

Muchas veces se dijo que a partir del referendo constitucional del 21F se ha consolidado –o tiende a consolidarse– una mayoría democrática en la población boliviana, articulada en función del rechazo al prorroguismo evista y a la generalizada corrupción pública detectada en el prolongado régimen masista.

La naturaleza democrática de esta nueva corriente mayoritaria se expresa en una nítida demanda de respeto a la voluntad popular recogida en las ánforas en febrero de 2016, acompañada por una inequívoca exigencia de pluralismo político real, respeto a la independencia –así sea relativa– de los poderes públicos, cese del irracional centralismo y despilfarro de recursos del Gobierno nacional, y soluciones reales en los ámbitos de la educación, salud, seguridad ciudadana y justicia, entre otros temas igual de sensibles.

Estos contenidos son los que explican que la nueva mayoría nacional, a través de sus diversos componentes y expresiones, venga exigiendo, frente a los abusos y autoritarismo gubernamentales, la recuperación de la democracia, lucha efectiva contra la corrupción pública –en todas sus manifestaciones– la implantación efectiva de las autonomías territoriales (o federalismo, en versión radical) y, para garantizar la materialización de estas metas, la constitución de un instrumento político de oposición fuerte, que postule un candidato ganador, en lo posible único, dotado de una vigorosa organización y capaz de canalizar el necesario financiamiento como para enfrentar una larguísima campaña electoral.

Ambas exigencias (nutridas de una extensa organización y financiamiento suficiente) son imprescindibles para enfrentar el desvergonzado uso del aparato y recursos estatales por parte del Gobierno, para responder cuando menos pálidamente al multimillonario derroche de recursos que hará el masismo, y para controlar y minimizar el fraude electoral que podría montar el oficialismo.

Gran parte de la nueva mayoría democrática esperaba –aún todavía acaricia ese deseo– que surja un Frente Opositor Amplio que reúna las características que acabamos de señalar, demanda que –si nos atenemos a las alianzas políticas inscritas en el TSE– lamentablemente, no ha sido oída por los actores políticos, introduciendo así gran incertidumbre al desenlace del proceso electoral.

Anunciaron su conformación dos alianzas opositoras, aglutinando a un partido político y una agrupación ciudadana, cada una: Comunidad Ciudadana (FRI y Sol.Bo), liderada por Carlos Mesa; y la coalición Bolivia dice No, entre UN, de Samuel Doria Medina, y Demócratas, encabezado por Rubén Costas.

 Este hecho implica que seis organizaciones políticas intervendrían en el torneo electoral en aislamiento: MNR, UCS, PDC, PAN-BOL, FPV y el Movimiento Tercer Sistema, dirigido por Félix Patzi. Dicho de otro modo, contrariando la principal demanda de la mayoría democrática del país, nada menos que entre seis y ocho binomios de oposición buscarán captar los votos de esta mayoría, introduciendo, con ello, un peligroso sesgo hacia la dispersión de voluntades.

Configurado de este modo el escenario político, poco auspicioso para el país, los candidatos de la oposición difícilmente podrán alcanzar el éxito si no es en una eventual segunda vuelta electoral; vale decir, esperando que el candidato del MAS no conquiste más del 50% de los votos válidos –lo cual ciertamente se muestra poco probable–, ni rebase la barrera del 40%, sacándoles más de 10 puntos porcentuales a todos y cada uno de ellos.

 El binomio oficialista, por su parte, consciente de los peligros que la segunda vuelta le plantea y envalentonado por los desencuentros de la oposición, concentrará sus recursos, arsenal y prácticas legales e ilegales para zanjar el pleito electoral en la primera vuelta. Esta prospectiva es lo que la mayoría democrática societaria deseaba –todavía desea– evitar y que los actores políticos no supieron  –o no pudieron– atender.

¿Qué otras consecuencias tendrá la lamentable dispersión de la oposición y qué debemos hacer quienes somos parte de la mayoría democrática sin, empero, militar en ninguna de estas fuerzas opositoras? Son interrogantes que por las limitaciones de espacio no podemos abordar en esta columna. Lo haremos después del 28 de noviembre, conocidos los binomios inscritos para terciar en las elecciones primarias.


Carlos Böhrt I. es ciudadano crítico.
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